Incertídumbre, signo de un posible paradigma @sladogna.



Incertidumbre, signo de un posible paradigma*

*Alberto Sladogna
Encontramos fósiles, por ejemplo restos como de peces, pero en pleno continente. Para explicar ese fenómeno, suponemos que otrora el mar bañaba ese territorio. Ch. S. Peirce

Leí, días pasados, que el hombre que ordenó la edificación de la casi infinita muralla china fue aquel primer emperador, Shih Huang Ti, que asimismo dispuso que se quemaran todos los libros anteriores a él. Que las dos vastas operaciones -las quinientas a seiscientas leguas de piedra opuestas a los bárbaros, la rigurosa abolición de la historia, es decir del pasado- procedieran de una persona y fueran de algún modo sus atributos, inexplicablemente me satisfizo y, a la vez, me inquietó. Indagar las razones de esa emoción es el fin de esta nota. (J. L. Borges, Otras Inquisiciones)

En estas líneas ensayo recoger elementos, propuestas, posiciones desplegadas en la “Conversación. Amor del desaparecido: potencia subjetiva” ¿Cuáles elementos? Para responder requiero hacer una precisión delicada. En la vida enfrentamos una experiencia: la muerte de seres queridos -por enfermedad, por la edad, por un accidente, por un balazo perdido, por un suicidio, por un asalto, por amor, por tristeza, ...- en cada una de esas situaciones estaba vivo, luego apareció muerto, eso sin que sea obligatorio nos afecta - de múltiples formas y maneras- no hay un estilo "normal" de dar lugar a eso. En cada una de estas vivencias tenemos la "certeza" de que un ser querido murió, más allá de lo que haremos con esa "constatación".

La desaparición de un ser querido presenta otra experiencia corporal. Sabemos que desapareció, estaba vivo, no  lo localizan. Sabemos que hoy la desaparición forzada está organizada por instituciones del Estado, por la política, sus FFAA, sus policías, las bandas del narcotráfico y las bandas de las empresas transnacionales. Quedamos con una incertidumbre, desapareció estando vivo -dure lo que dure ese tiempo y piensen lo que otros piensen de esa incertidumbre ante el "desaparecido".

Horacio Anguita hizo un subrayado, sólo agregaría algo en referencia a lo que nos dijo Somigliana en nuestro encuentro.  "Maco" Somigiliana, miembro del Equipo Argentinoa de Antropología Forense (EAAF) decía:

"...el comienzo del duelo acontece cuando aparece la identidad de los restos, hasta ese momento, dar por muerto al desaparecido (ocultado, no "desaparecido") sería "matarlo" por parte de uno"


Los afectados por una desaparición organizan su búsqueda; prevalece el aspecto vital (“Con vida los queremos”) , como lo indica el testimonio de Cristina Bautista, madre del joven Benjamín Ascencio Bautista desaparecido la noche del 26 al 27 de septiembre en Ayotzinapa, México. Ella sigue la búsqueda pues considera que está vivo, subrayo para ella está vivo. Remarco que esa vitalidad, acompaña también a mujeres y hombres que están en la búsqueda de sus seres queridos. Cristina índica que es “algo que siente en su cuerpo”. Es un sentimiento, una intuición, un presentimiento cercano a una adivinación: su ser querido está con vida. Al mismo tiempo, manifiesta su confianza en la labor del Equipo Argentino de Antropología Forense, ese testimonio es crucial. Ella confía en la actividad de ese equipo, sabe que esos antropólogos forenses buscan e identifican cuerpos a partir del estudio que realizan cuando se localizan fosas de entierros clandestinos. Mientras que no se encuentre una localización para ella se mantendrá una incertidumbre que sin dejar de lado la vida no deja de lado el encuentro con otro aspecto.

Esta doble vertiente muestra dos componentes que no pueden reducirse a un duelo. La  desaparición genera una situación de incertidumbre, un efecto máximo de incertidumbre. Los singulares duelos suelen realizarse a partir de una certidumbre. La desaparición es una manifestación corporal de otro orden que requiere ser precisada. Corresponde seguir ese y otros testimonios apegados a su literalidad. Esta doble vertiente de la desaparición –buscarlos con vida y también convocar la ayuda del EAAF- requiere un abordaje relacional. La incertidumbre es un conjunto de relaciones que están en la superficie, no están ocultas, no están en lo profundo, están en la superficie corporal de quienes son tomados por ese amor. Al ubicar la cuestión relacional, el tema del “sentido” de las acciones de los afectados no es relevante. El “sentido” abre demasiado rápido las avenidas de la interpretación que coloca a quienes buscan al desaparecido como siendo ajenos a una “profundidad” que ellos no reconocerían pero que la interpretación posee. La terrible frase que se escucha en los medios masivos de comunicación “Usted está de duelo y no lo sabe”, “El duelo se manifiesta por síntomas de los que hay que hacer consciencia para llevar a cabo el trabajo de duelo”. Frases que dibujan la idea de que el duelo sería un “trabajo” que de forma “obligatoria” a nombre de la salud se le impone a quien busca.

La desaparición es una ruptura radical del hábito cotidiano. Cristina Bautista desde hace dos años al producirse la desaparición de Benjamín Ascensio dejó de hacer sus tareas cotidianas ¿Hábito? Lo que alguna vez fue cotidiano y cuasi-natural (cuidar a sus tres  críos, realizar y proteger su cosecha, arreglar la casa,…) se le aparece desde hace dos años como siendo un absurdo. Cuando las autoridades, los medios de comunicación y sectores de los ciudadanos la acusan de “ser una huevona que no trabaja”, ella responde “¿Y tú qué harías si tu hijo estuviera desaparecido?” La desaparición rompe el hábito de vida, la forma de vida previa, convierte esa vida cotidiana previa en una barbarie e instala un hábito subvertido, insumiso ¿Subvertido? ¿Insumisión?

Cristina Bautista hace aparecer un nuevo hábito suscitado por el amor del desaparecido: el solo hecho de que ella haya viajado desde Ayotzinapa para llegar a Buenos Aires al ser designada por una asamblea de las madres, los padres, y los alumnos de esa escuela para hablar de la desaparición, de los hechos políticos, de las actitudes del gobierno de México, del comportamiento de las autoridades que fabricaron un supuesto hallazgo de los restos de Benjamín Ascensio y de otros normalistas en un depósito de basura. Estas actividades son parte de un nuevo hábito en su vida ¡Qué coincidencia! ese cambio de hábito es testimoniado por las  arpilleras chilenas: conjunto de mujeres de muy escasos recursos que buscaban a sus seres queridos, esa búsqueda cambio sus hábitos de vida, de vecindad, de hacer amistades, de ocuparse de algo que no hacían antes, la política. Algo semejante testimonian las Madres y las Abuelas de la Plaza de Mayo, algo semejante ocurrió y ocurre con los hábitos de Rosario Ibarra de Piedra, mexicana, fundadora del Comité ¡Eureka!, aparición  de hábitos nuevos en su vida a consecuencia que desde 1974  trata de  localizar a su hijo  Jesús Piedra Ibarra.

Tomo un atajo atrevido para dar cuenta del hábito. Nos apoyaremos en la pintura. Rene Magritte pintó su cuadro “Esto no es una pipa”(1929), en esa tela rompe el hábito natural de ver una pipa. El cuadro fue parte de una serie que tituló “La traición de las imágenes”,  años después sostenía que el efecto de quebrar el hábito se presentaría si hubiese escrito “Esto es una pipa”.  Aquí el hábito convoca al signo, a los signos, una de las características de los signos es partir de un trazo para hacer visible por fuera del hábito cotidiano el cuerpo de un objeto; los signos hablados o no son corporales.  Víctor Shklovski escribió un texto “El arte como artificio”, allí sostiene: “Los procedimientos del arte son el de “singularización” de los objetos,…que consiste en oscurecer la forma, en aumentar la dificultad y la duración de la percepción”.

Joan Beasly-Murray llamó la atención sobre el hábito de la espera y su salida desplegado Gabriel García Márquez en El coronel no tiene quien le escriba, quien espera recibir la carta del ministro que le otorga los fondos para los veteranos de guerra. a pensión: Y Como todos los viernes regresó a su carta sin la carta esperada. Entonces, en un momento determinado su espera concluye: "El coronel necesitó setenta y cinco años -los setenta y cinco años de su vida, minuto a minuto- para llegar a ese instante. Se sintió, puro, explicitó, invencible en el momento de responder: 'Mierda'. Subrayemos siguiendo Beasley-Murray, el epíteto tiene dos vertientes, una incluye una resignación final, el coronel puede comer mierda; la otra indica la ruptura de un hábito, la espera. Lo habitual no es solo pasividad, también es una fuente de creación.

Lacan cambió la jugada de  cada sesión, pasó  de una sesión de tiempo pre-establecido, fijado, reiterada de manera habitual ( sean 45, 50 o 60 minutos), se atrevió y pasó a otro hábito: la sesión sin tiempo prefijado.
El testimonio  de Cristina Bautista localiza las aristas que esa forma del amor, esa manera de abordar una desaparición nos enfrenta a un más allá de los criterios habituales de “realidad” o de “principio de realidad”, ese estilo singulariza un objeto libidinal, oscurece su forma y nos ofrece una  percepción vital que nos toca, no nos deja inmunes y logra en ocasiones hacer compartible ese afecto hasta que dure lo que dure la incertidumbre que lo acompaña. La incertidumbre quiebra los hábitos previos, genera otros. Por el momento propongo considerar a la incertidumbre como siendo un signo

¿Por qué el signo, el indicio, la huella?

A continuación parafraseo a Carlo Ginzburg en su Indicios. Raíces de un paradigma de inferencias indiciales y en  Freud, el hombre de los lobos y los lobizones.

Había algo que unía, en la antigua Mesopotamia, diferentes formas de conocimiento. Había una actitud orientada al análisis de los casos individuales sólo por medios de rastros, síntomas, indicios. Los propios textos de jurisprudencia mesopotámica, en lugar de consistir en la recopilación de diferentes leyes u ordenanzas, se basaban en la discusión de una casuística muy concreta. En resumen, es posible hablar de paradigma inicial o adivinatorio, que según las distintas formas del saber se dirigía al pasado, al presente o al futuro. Hacia el futuro, se contaba con la adivinación propiamente dicha. Hacia el pasado, el presente y el futuro, al mismo tiempo, se disponía de la sintomatología en su doble aspecto: diagnóstico y pronóstico. Hacia el pasado, se contaba con la jurisprudencia, pero detrás de ese paradigma indiciario o adivinatorio, se vislumbra el gesto tal vez más antiguo de la historia intelectual del género humano: el cazador que, tendido sobre el barro, escudriña los rastros dejados por su presa. Cuando se busca al desaparecido esa búsqueda está organizada por “alguien pasó por aquí” ¿cuál aquí? Como dice Cristina Bautista, esa huella y ese “aquí” es el de Benjamín Ascensio, es una huella vital hasta que deje  de serlo para ella. Una huella vital que acompaña o remarca una huella, Benjamín Ascensio no está en la escuela, no está en los lugares esperados, su ausencia rompe la escena habitual de la vida cotidiana.

En la antigüedad era posible que un diagnóstico de trauma craneano, formulado en base a un estrabismo bilateral, encuentre su sitio en un tratado mesopotámico de adivinación. Más genéricamente se explica el surgir, históricamente hablando, de una constelación de disciplinas basadas en el desciframiento de señales de distintos géneros, desde los síntomas a la escritura. Si pasamos de la cultura mesopotámica a la griega, tal constelación cambia profundamente, al constituirse nuevas disciplinas como la historiografía y la filología, a causa también de la obtención de una nueva autonomía social y epistemológica por parte de las disciplinas antiguas, como la medicina. El cuerpo, el lenguaje y la historia de los hombres quedaron sometidos por primera vez a una búsqueda desprejuiciada, que excluía por principio la intervención divina. Es obvio que de tan decisiva mutación, que  caracterizó la cultura de la polis, aún hoy somos los herederos. Menos obvio es el hecho de que en ese cambio tuvo un papel preponderante un paradigma definible como sintomático o indiciario que definió sus métodos reflexionando sobre la noción decisiva de síntoma (semejón) sólo observando atentamente, registrando con extrema minuciosidad todos los síntomas, afirmaban es posible elaborar "historias" precisas de las enfermedades individuales: la enfermedad es, de por sí, inaferrable. El síntoma es un nudo de signos.

En esa negación de la transparencia de la realidad hallaba implícita legitimación el paradigma inicial que, de hecho, regía esferas de actividad muy diferentes para los griegos, dentro del vasto territorio del saber conjetural estaban incluidos, entre muchos otros, los médicos, los historiadores, los políticos, los alfareros, los carpinteros, los marinos, los cazadores, los pescadores, las mujeres… Los límites de ese territorio, significativamente gobernado por una diosa, la primera esposa de Zeus, que realizaba la adivinación mediante el agua, estaban delimitados por términos tales como "conjeturas", "conjeturar". Este paradigma permaneció implícito avasallado por el prestigioso (y socialmente más elevado) modelo de conocimiento elaborado por Platón.

Como es obvio, el acto decisivo en este sentido está constituido por el surgimiento de un paradigma científico, basado en la física galileana, que se reveló más duradero que esta última. Por más que la física moderna, sin haber renegado de Galileo, no puede definirse hoy como "galileana", el significado epistemológico y simbólico de Galileo para la ciencia en general ha permanecido intacto. Resulta claro, entonces que el grupo de disciplinas que hemos denominado indiciales no encuentre en modo alguno un lugar en los criterios de cientificidad deducible del paradigma galileano. En efecto, se trata de disciplinas eminentemente cualitativas, que tienen por objeto casos, situaciones y documentos individuales, en cuanto individuales; y precisamente por eso alcanzan resultados que tienen un margen insuprimible de aleatoriedad; basta pensar en el peso de las conjeturas en (el término mismo es de origen adivinatorio) en la filología. Muy distinto carácter poseía la ciencia galileana, que hubiera podido hacer suya la máxima escolástica: de lo individual no se puede hablar. El empleo de la matemática y del método experimental, en efecto, implicaban respectivamente la cuantificación y la reiterabilidad de los fenómenos…Se empezó por considerar no pertinentes al texto todos los elementos vinculados con la oralidad y la gestualidad; después, se siguió igual criterio con los elementos relacionados con el aspecto material de la escritura. El resultado de esta doble operación fue la paulatina desmaterialización del texto, progresivamente depurado de toda referencia a lo sensible: si bien la existencia de algún tipo de relación sensible es indispensable para que el texto sobreviva, el texto en sí no se identifica con su base de sustentación. Escuchando el testimonio de Cristina, piénsese solamente la decisiva función que cumplen la entonación en las literaturas orales, o bien la caligrafía en la poesía china; ello nos permite percatarnos de que la noción de texto que acabamos de aludir se vincula con una toma de posición cultural de incalculables consecuencias. Que la solución adoptada no fue determinada por la consolidación de los procesos de reproducción mecánica, en vez de manos, está demostrado por el muy significativo ejemplo de China, donde la invención del imprenta no llevó a abandonar la vinculación entre texto literario y caligrafía en el tradicional paralelo que la edad media se trazaba entre el mundo y el libro estaba basado en evidencia, en inmediata elegibilidad de ambos

Galileo, en cambio, subrayó que "la filosofía escrita en este grandísimo libro que continuamente se nos aparece abierto ante nuestros ojos (no me refiero al universo)… no puede entenderse si antes no se aprende a entender la lengua, y a conocer los caracteres en los que está escrito", es decir "triángulo, círculos y otras figuras geométricas". Para el filósofo natural como para el filólogo el texto es materia profunda e invisible, que se debe reconstruir más allá de los datos de los sentidos: "las figuras, los números y los movimientos, pero ya no los olores, ni los sabores y los sonidos, los cuales fuera del animal viviente no creo que sean otra cosa que nombres".

Con esa frase, Galileo imprimía la ciencia de la naturaleza un carácter de significado tendencialmente anti antropocéntrico y anti antropomórfico, que ya no perdería. En el mapa del saber se había producido una rasgadura, que estaba destinada a agrandarse cada vez más. Y por cierto que entre el físico galileano, profesionalmente sordo los sonidos e insensible a los sabores y los olores, y el médico de su misma época, que aventuraba diagnósticos aplicando el oído atento  a catarros u olfateando heces y probando el sabor de orina, no podía existir mayor contraposición. Encontramos que a partir de 1984 con la creación del EAAF esa distinción o contradicción entre ambos paradigmas pierde consistencia, ese equipo despliega su actividad e incorpora un elemento de la ciencia como son los estudios de ADN que ellos practican en esos fragmentos que recuperan, a partir de lo cual se logra reconstruir un cuerpo con su identidad. Ese procedimiento provoca un movimiento o una mutación para quienes están buscando a sus desaparecidos, se instala un horizonte de cierta certidumbre que pueden llegar a modificar los hábitos adquiridos mientras buscaban en la incertídumbre. 

Huellas,  textos husmeados :
Sigmund Freud, El Moisés del Miguel Ángel (1914); Psicopatología de la vida cotidiana; Jacques Lacan, Escritos I y II; Jacques Lacan, seminario oral 1965/1966, El objeto del psicoanálisis;  Giovanni Morelli, Della pittura italiana; Arthur Conan Doyle, Sherlock Holmes, anotado I y II; Lewis Carroll, Alicia anotada, edición de Martín Gardner; Pierre Bayard, El caso del perro de los Baskerville; Carlo Ginzburg, Mitos, emblemas, indicios. Morfología e historia; Carlo Ginzburg, Ojazos de madera. Nueve reflexiones sobre la distancia; William Irwin, La filosofía de House: todos mienten; Jon Beasley-Murray, Poshegemonia. Teoría política y América Latina; Adolfo Gilly, Subcomandante Marcos, Carlos Ginzburg, Discusión sobre la historia.


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