“narcobloqueos” y… reterritorializaciones por María Gutiérrez





narcobloqueos” y… reterritorializaciones por María Gutiérrez, Guadalajara, Jalisco, México, 6/05/2015

El pasado 1 de mayo tal vez podría valer la pena dejarlo aparecer en la memoria de los jaliscienses como una jornada de francos contrastes que, a posteriori siguen definiendo sus contornos y efectos. Era un día festivo y de asueto para la mayoría, pero comenzó con la siniestra invasión de “narcobloqueos” (entrecomillo ese término compuesto porque aún no sé exactamente lo que eso implica u oculta y pretende bloquear, y porque finalmente forma parte de un lenguaje que me niego a naturalizar) en la vivencia de nuestro espacio existencial cotidiano, resultado de lo que recién sabíamos a través de las noticias mediáticas y los avisos de nuestros amigos y seres queridos; pero también producto del encuentro material con la destrucción provocada por esas quemas enormes de máquinas, vehículos del transporte en rutas urbanas y carreteras del estado…
Sin embargo, los contrastes que refiero fueron desplegándose al paso de las horas y de los días. Ese mismo primero de mayo, cuando quedaba todavía un poco de luz de la tarde, decidí salir a caminar por la colonia en que habito, y tomar el camino del camellón de Aurelio Ortega, en Zapopan. Me sorprendí por lo que ahí encontré: muchos adultos, adolescentes y niños que, entre perros y bicicletas, movidos por algo similar, se habían negado a perderse del paseo animado y del juego bajo las jacarandas, en esa noche aún joven de primavera. Ese camellón era entonces otro territorio, muy diferente de aquél que dieron cuenta y pintaron las malas noticias, no sólo porque afortunada y geográficamente no había coincidido con las zonas y puntos del “bloqueo por el narco”, sino sobre todo porque, a pesar del resabio de miedo que dejaban los recientes acontecimientos, ahí la gente reunida hacía otra cosa, y de esa manera, conformaba otro lugar, -uno mejor, por cierto-.
Algo en este mismo sentido parece entreverse en los relatos de múltiples voces que se acercan, sin ocultar cierto dejo de contento en el rostro: al atardecer de ese mismo día, salieron a las calles con sus parejas o hijos, y se dirigieron a las plazas y los lugares públicos. También se es
cucha hablar a quienes, “aprovechando el puente” mantuvieron sus planes de viajar por carretera, y ante la advertencia o la presencia de los bloqueos en su camino, se armaron de precaución y de paciencia, tomaron rutas alternas en lo posible,  modificaron parcialmente tiempos y destinos, y finalmente también regresaron con bien.
Hay que decir de estas simples y contrastantes crónicas de experiencia frente a los hechos de los “narcobloqueos”, que ciertamente no se trataba de actos incautos, al margen de la ética del cuidado de sí, de la que M. Foucault habló en los últimos tiempos de su investigación. Sin duda eran situaciones nuevas, casi inéditas a las que se les hacía frente también de forma inédita, como se podía, porque las alertas de seguridad y recomendaciones oficiales pueden ser sólo una entre otras orientaciones posibles, y realmente no permiten resolver la vida. Antes bien, todo lo contrario: en estos actos se trataba del ocuparse de sí, de lo y de los que se quiere e importan, de sostener una forma de libertad y de resistencia, y así producir una relación diferente en los juegos de la verdad y el poder que hoy operan en nuestro país, y fuera de él... Porque, como Deleuze y Guattari además han permitido verlo, un gesto, un movimiento que afirma “aquí estoy, aquí soy” como parte de una trayectoria de existencia, no sólo desbloquea y abre caminos, sino que transforma y crea territorios de vida.

                                                                             Guadalajara, Jal., 6 de mayo de 2015.
                                                                                               María Gutiérrez Zúñiga.

     

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