Apantallar erótico, física cuántica, analista, análisis

¿Qué ocurre cuando se inicia un análisis? ¿Dónde queda la realidad previa a ese momento, durante ese momento y luego del mismo? El analista es un observador participante que modifica aquello que observa -empleando el verbo observar en su más amplio rango, no reduciéndolo solo a la visión-; al mismo tiempo ese observador participante ¿Quedará al margen de los efectos de lo que observa? Lacan en varios momentos de su enseñanza indico la existencia de las "formulas cuánticas" de la sexuación (9/04/1974) , habló también de "modo cuántico", su última modificación del tema de la llamada "transferencia" fue realizar un giro cuántico: se trata de un apantallar, de un apantallamiento ¿Qué es eso?

                              

Luego de este vídeo corresponde c dar lugar al testimonio de José Attal respecto de este tema: Apantallar

Apantallar[1], esta palabra no tiene nada que ver con el sentido trivial que se le atribuye de “hacer pantalla”, y ese es justamente el asunto. Pero Lacan estaba lo suficientemente al tanto de la física, y de la física cuántica, para no haber usado este término a la ligera. A menudo pidió a sus alumnos que se pusieran al corriente[2] de dicha física e incluso a menudo los alertó:


Lo que ellos [los analistas] soportan aún menos es lo inconmovible del UNO en la ciencia moderna, no que el universo se mantenga por él, sino que la constancia de la energía constituye su pivote hasta el punto de que incluso los repudios de la univocidad de parte de la teoría de los quantas no refutan esta constancia única,  e incluso que la probabilidad promueva el UNO como el elemento más próximo de la naturaleza, lo que resulta cómico”[3].

Igualmente en L’étourdit escribe la locución “modo cuántico” para calificar su gesto:

Aquí enseño mis cartas al plantear el modo cuántico bajo el cual la otra mitad, mitad de sujeto, se produce mediante una función para satisfacerla, o sea para completarla con su argumento”[4].

La física cuántica difiere seriamente de la física clásica. La ciencia “moderna” se funda en la idea de una separación total entre el sujeto-conocedor y la Realidad, supuestamente completamente independiente del sujeto que la observa, y se da por postulado fundamental (entre otros) la existencia de leyes universales de carácter científico. El éxito de esta física clásica, desde Galileo hasta Einstein, pasando por Kepler y Newton, al confirmar la exactitud de los tres postulados de base[5], al mismo tiempo contribuyó a la instauración de un paradigma de sencillez que se volvió predominante después del siglo XIX. La verdadera cuestión es la incompatibilidad entre el realismo clásico y el realismo cuántico. ¡No hay que confundir Einstein con Heisenberg![6]

El objeto clásico está localizado en el espacio-tiempo, mientras el objeto cuántico no está localizado en el espacio-tiempo. Evoluciona en un espacio matemático abstracto, regido por el álgebra de los operadores y no por el álgebra de los números. En la física cuántica, la abstracción ya no es un simple medio de descripción de la realidad sino una parte constitutiva de la realidad misma. La física clásica está fundada en la idea de continuidad, en acuerdo con la evidencia proporcionada por los órganos de los sentidos. La objetividad de la física clásica está fundamentalmente ligada con el conocimiento de un objeto que evoluciona en el tiempo de una dimensión y en el espacio de tres dimensiones. El papel central del espacio-tiempo de cuatro dimensiones no es alterado por las dos teorías de relatividad, restringida y general, de Einstein, que constituyen el apogeo de la física clásica.

La mecánica cuántica es una ruptura total con la mecánica clásica. Según el descubrimiento de Planck, la energía posee una estructura discreta, discontinua. La discontinuidad significa que entre dos puntos no hay ni objetos, ni átomos, ni moléculas, ni partículas, justamente nada. E incluso la palabra “nada” es demasiado. Una cantidad física posee, según la mecánica cuántica, varios valores posibles, afectados por probabilidades bien determinadas. Pero, en una medida experimental se obtiene, evidentemente, un único resultado para la cantidad física en cuestión. Esta abolición brusca de la pluralidad de valores posibles de un “observable” físico, por el acto de la medición, tenía una naturaleza oscura, pero ella indicaba claramente la existencia de un nuevo tipo de causalidad.

Las célebres relaciones de Heisenberg[7] muestran, sin ninguna ambigüedad, que es imposible localizar un cuanto en un punto preciso del espacio y en un punto preciso del tiempo. Dicho en otros términos, es imposible asignar una trayectoria bien determinada a una partícula cuántica. El indeterminismo que rige a la escala cuántica es un indeterminismo constitutivo, fundamental e irreductible que no significa en absoluto azar o imprecisión.

Las así llamadas paradojas cuánticas (como, por ejemplo, la famosa paradoja del “gato de Schrödinger”) son falsas paradojas, porque revelan contradicciones exclusivamente con respecto al lenguaje natural, cotidiano, que es el del realismo clásico; dejan de ser paradojas cuando el lenguaje propio de la mecánica cuántica es utilizada. Si son instructivas cuando se desea mostrar la incompatibilidad entre el realismo clásico y el realismo cuántico, estas paradojas se vuelven inútiles en el contexto de las ideas cuánticas.

Lacan habló mucho de ellas con regularidad, no voy a dar las citas, esencialmente alrededor del año 1973[8]. Lo que tiene de particular la mecánica cuántica que resuena con nuestras preguntas sobre el psicoanálisis es que anula la distinción objetivo-subjetiva, ella anula la separación sujeto-objeto y sobre todo establece que cualquier tentativa por conocer el valor de un parámetro tiene por consecuencia la perturbación más o menos previsible, más bien imprevisible, de todos los parámetros del sistema. Esto señala hasta qué punto el experimentador se encuentra tomado por la acción misma de la experimentación y ya no está a distancia como en la física clásica. Es más o menos el mismo distingo que en los grandes debates en torno al psicoanálisis en cierta época, entre los que sostenían que el psicoanalista debía mantenerse a distancia de su analizante, contentándose de manera casi científica con interpretar sin concernirse en lo más mínimo por su acto (la supuesta neutralidad benévola) y lo que Lacan introdujo más tarde, otra posición del psicoanalista en la cual tiene a su cargo la mitad misma del síntoma de su analizante, en el sentido en que él es, de cierta suerte, su otra mitad y así él está implicado en la operación, no está a distancia.

Cuando Heisenberg se interesa en el cambio que afecta nuestras representaciones de la realidad, él plantea que todo concepto de realidad es “la expresión de una época y de los deseos de esta época” y “en la historia de los hombres se desprenden claramente diferentes épocas en las que la estructura de la realidad ha sufrido cambios”. La definición de la realidad como una fluctuación continua de la experiencia adquiere todo su peso, es preciso suprimir toda distinción rígida entre sujeto y objeto, es preciso ampliar la significación del término de realidad, liberándolo de su referencia privilegiada a la exterioridad del mundo material. El término de realidad designa, entonces, el conjunto de conexiones que se entrelazan y sostienen nuestra vida y que extraemos de la fluctuación continua e indefinible en ella misma de nuestra experiencia. Pero, entonces,  la cuestión del lenguaje es planteada de paso, lo que no escapa a Lacan en este punto:

Pues nada de lo que yo podría escribirles en el tablero de las fórmulas generales que ligan, al punto en el cual estamos, la energía a la materia, por ejemplo la última fórmula de Heisenberg, nada sostendría todo eso si no lo sostengo de un decir que es el de la lengua y de una práctica que es la de la gente que da órdenes en el nombre de cierto saber”[9].

Resumamos: la realidad no es sin el nombre que damos a la fluctuación continua de nuestra experiencia, aprehendemos esta fluctuación dividiéndola en regiones por medio de la elaboración de diferentes lenguajes; esta disposición de las regiones depende de decisiones tomadas por las comunidades humanas en nombre de criterios de valor.

La mecánica cuántica crea un contexto nuevo para el uso de palabras como subjetividad y objetividad y por ello mismo ha conferido un fundamento nuevo al uso de palabras tales como conocimiento y creencia (la creencia no se da solamente en el dominio religioso). El conocimiento no es, sin duda, en última instancia, nada más que esta disposición, insiste Heisenberg.

El concepto de realidad se convierte en el producto, en cada época, de la división en regiones que es adoptada, hay una historia de la realidad, hay una historia de la verdad y hay una historia de la objetividad.

Las regiones de realidad son diferenciadas, ya no de manera grosera entre subjetivo y objetivo, sino de acuerdo con la incidencia del proceso de conocimiento sobre la determinación del objeto. Ya no se trata  de objetivar haciendo abstracción del método mediante el cual alcanzamos un conocimiento hacia lo que no puede ser objetivado; la condición consiste en tomar en consideración este método mismo.

Heisenberg no habla explícitamente de “resistencia” en relación con la realidad, pero su sentido está plenamente presente: “[…] la realidad de la que podemos hablar – escribe Heisenberg – no es nunca la realidad “en sí”, sino solamente una realidad de la que podemos tener un saber, incluso en muchos casos una realidad a la cual le hemos dado forma”. La realidad, estando en fluctuación constante, todo lo que podemos hacer es practicar cortes gracias a nuestro pensamiento, extrayendo procesos, fenómenos, leyes. En este contexto, está claro que no puede haber completud: “No se puede jamás alcanzar un retrato exacto y completo de la realidad” – escribe Heisenberg. Él afirma también que es preciso poner fin a la referencia privilegiada a la exterioridad del mundo material y que la única manera de aproximarse al sentido de la realidad es la de aceptar su división en regiones y niveles.

Mediante la expresión de ‘región de realidad’ […] entendemos […] un conjunto de conexiones nomológicas” – escribe Heisenberg. Estas regiones son engendradas por grupos de relaciones. Ellas están imbricadas, ajustadas, encabalgadas, entrecruzadas, respetando, de todos modos, el principio de no-contradicción.

Heisenberg es totalmente consciente de que la simple consideración de la existencia de regiones de realidad no es satisfactoria porque eso equivaldría a poner en el mismo plano la mecánica clásica y la mecánica cuántica. Esta es la razón esencial que lo lleva a reagrupar estas regiones de realidad en niveles diferentes de realidad. Él propone, entonces, tres niveles de realidad que corresponden a un cierto modo de objetivación: “Está claro – escribe él – que la  disposición de las regiones debería sustituirse a la división grosera del mundo en una realidad subjetiva y una realidad objetiva y desplegarse entre estos polos del sujeto y del objeto de tal suerte que en su límite inferior se encuentren las regiones en las cuales podemos objetivar de manera completa. Enseguida, deberían agregarse las regiones en las cuales los estados de las cosas no pueden ser completamente separados del proceso de conocimiento a través del cual alcanzamos a plantearlos. En fin, debería situarse muy por encima el nivel de realidad en el cual los estados de cosas sólo son creados en conexión con el proceso de conocimiento”. Es preciso entender por nivel de Realidad un conjunto de sistemas invariante ante la acción de un número de leyes generales: por ejemplo, las entidades cuánticas sometidas a las leyes cuánticas, las cuales se encuentran en ruptura radical con las leyes del mundo macrofísico. Es decir que dos niveles de Realidad son diferentes si, al pasar de uno a otro, hay ruptura de las leyes y ruptura de los conceptos fundamentales (como, por ejemplo, la causalidad).

- primer nivel de realidad: es el de los estados de cosas objetivables independientemente del proceso de conocimiento
-segundo nivel de realidad: estados de cosas inseparables del proceso de conocimiento
- tercer nivel de realidad: estados de cosas creados en conexión con el proceso de conocimiento.

Más allá de la analogía fuertemente sugerida con los tres géneros de conocimiento de Spinoza (de los que Heisenberg no habla explícitamente) se ve que un mismo nivel de realidad puede contener varias regiones de realidad, es decir varios sistemas de concepto. Se ve también la importancia de hacer que la palabra proceso incluya el acto mismo de observación y de intervención.

El famoso manuscrito de 1942, que se proponía ante todo para pensar en todos sus aspectos su oposición al nazismo, va a situar tres momentos en el avance de Heisenberg.
- El primer momento puede concebirse como el de una redefinición del concepto de realidad fundada en la crítica de la distinción sujeto-objeto. La mecánica cuántica suprime la distinción sujeto-objeto.
- El segundo momento es la sustitución de una filosofía del lenguaje a la problemática de la teoría del conocimiento proveniente del racionalismo moderno.
- El tercer momento es la introducción de la noción de disposición de la realidad que conduce a la idea de una historia de la objetividad y que propone las condiciones en las cuales la realidad se dice. Ya no hay oposición objetivo/subjetivo.
Se puede interpretar la incompatibilidad entre la mecánica cuántica y la mecánica clásica como significando la necesidad de ampliar el campo de la realidad, al abandonar la idea clásica de la existencia de un único nivel de realidad. La discontinuidad que se ha manifestado en el mundo cuántico se manifiesta también en la estructura de los niveles de Realidad, por la coexistencia del mundo macrofísico y del mundo microfísico. Gracias a la noción de niveles de Realidad, la Realidad adquiere una estructura multidimensional y multi referencial. También, los niveles de Realidad permiten definir nociones útiles como niveles de lenguaje, niveles de representación, niveles de materialidad o niveles de complejidad. Cada nivel de Realidad posee su espacio-tiempo asociado. Así, el nivel de Realidad clásica está asociado con el espacio-tiempo de cuatro dimensiones, mientras que el nivel de Realidad cuántica está asociado con un espacio-tiempo de más de cuatro dimensiones.

Un nuevo Principio de Relatividad emerge así en cuanto a la Realidad: ningún nivel de Realidad constituye un lugar privilegiado desde el cual se pueda comprender todos los demás niveles de Realidad. Un nivel de Realidad es lo que es porque todos los demás niveles existen a la vez. Dicho en otros términos, nuestro modelo no es jerárquico. No hay nivel fundamental. Pero, la ausencia de fundamentos no significa una dinámica anárquica. Los fundamentos son reemplazados por la dinámica solidaria y coherente de todos los niveles de Realidad ya descubiertos o que serán descubiertos en el futuro. La filosofía del lenguaje en Heisenberg esclarece de una manera particularmente pertinente este Principio de Relatividad.

Cada nivel de Realidad se caracteriza por la incompletud:

Como lo escribe Catherine Chevalley, en su excelente introducción al Manuscrito, el eje del pensamiento filosófico de Heisenberg está constituido por “dos principios directores: el primero es el de la división en niveles de realidad, correspondientes a diferentes modos de objetivación en función de la incidencia del proceso de conocimiento, y el segundo es la eliminación progresiva del papel desempeñado por los conceptos de espacio y de tiempo corrientes”.

Para Heisenberg, la realidad es la fluctuación continua de la experiencia tal como la aprehende la conciencia. A este título, nunca es por entero identificable con un sistema aislado. La realidad no puede reducirse a la sustancia.

Catherine Chevalley subraya que Heisenberg suprime la distinción rígida entre “ciencias exactas del mundo real objetivo y ciencias inexactas del mundo subjetivo” y él rechaza “toda jerarquía fundada en el privilegio de ciertas formas de conexiones nomológicas, o en una región de lo real considerada como más objetiva que las demás”.

El efecto George Clooney

Que yo sepa, Lacan utiliza cuatro veces la palabra “apantallar”, cuatro veces solamente en el conjunto de sus seminarios. Por intermedio de Internet y de una incursión en un chat entre físicos, uno de ellos, jefe de trabajos, respondió de esta manera al neófito que soy: “La respuesta que doy no debe considerarse como viniendo de un especialista, el término apantallamiento no es verdaderamente propio de la física cuántica pero se encuentra la mayor parte del tiempo en problemas electroestáticos. Una carga eléctrica, positiva por ejemplo, produce un campo eléctrico decreciente, a la inversa de la distancia de esta carga. No obstante, si esta carga es colocada en un medio negativo, tal como uno de electrones, éstos tendrán tendencia a acumularse un poco más en proximidad de la carga positiva (por atracción llamada coulombiana) y, por tanto, van a apantallarla por su propio campo. Es decir que el campo comprobado decrece más que a la inversa de la distancia”.
Aún así, esto no dice por qué los físicos eligieron esta palabra en vez de otra. De hecho, ella viene de la palabra inglesa “screening” y, como de costumbre, la forma progresiva inglesa impide menos la diversidad de sentido que el francés. En francés, se piensa inmediatamente, debido a la expresión “hacer” pantalla, en el sentido de la pantalla que hace barrera, obstáculo, cerco para atravesar, si no habría que decir, por ejemplo, fijar una pantalla, llevar anteojos protectores, etc., para dar cabida a otras cosas, seleccionar, cribar, filtrar…
La atracción no es inversamente proporcional al cuadrado de la distancia cuando los elementos están cargados. Cuando hay dos elementos, uno positivo, uno negativo en un campo, y cuando son atraídos, hay una regulación a cierta distancia, eso produce algo. Y todo eso está en movimiento, no es fijo.
Si hay dos masas que, según las leyes de Newton, se supone que se atraen de manera inversamente proporcional al cuadrado de su distancia – esa es la fórmula clásica – pero que, además están cargadas, iones, electrones, entonces de súbito, los campos se modifican, puesto que hay el campo eléctrico que viene a agregarse al campo de gravitación. Esto sería responsable de este surgimiento del apantallamiento.
Visiblemente es una palabra muy corriente entre los físicos; por ejemplo, el vacío cuántico, que es un vacío poblado de estados virtuales que una excitación puede revelar (es el principio de la aparición de las parejas partícula-antipartícula), el vacío cuántico, por tanto, se comporta como medio polarizable capaz de apantallar la acción de los objetos que codea. El apantallamiento es un principio de interacción, un fenómeno dinámico que pone en juego la buena distancia a partir de un elemento al atraer uno o varios otros de signo opuesto y cuya consecuencia es la polarización del medio.
Por tanto, no sucede lo mismo si son dos masas las que se atraen o si son dos masas cargadas las que se atraen, pero con la condición de estar a la buena distancia. Una amiga, virtuosa del net, a quien yo le pedía ayuda y que quiso darme enlaces de chats de físicos, recibió a guisa de ilustración de esta cuestión un apólogo sensacional, inventado especialmente para ella: Uno de ellos en efecto escribió esto: “He aquí lo que voy a llamar el efecto George Clooney en un bar. Es una dama la que habla y ella dice: ‘Hay tanta gente en el bar que si tu estás lejos de George, él está completamente rodeado y ya no lo ves. Por tanto, tú no estás subyugada por su sex-appeal. En cambio, si tú estás lo  suficientemente cerca, tú puedes verlo y ser atraída. Mientras más te acercas, más lo ves, más eres atraída’”. El sex-appeal es más interesante que las cargas, pero desde el principio, la dama está ya “cargada”: potencialmente George Clooney podría gustarle.
El ejemplo es interesante porque no hay George Clooney sin la dama al mismo tiempo, y no hay Clooney apantallado si no hay también varias damas en el bar. Si hay demasiadas damas en torno a Clooney, el encanto de Clooney se difunde entre las damas cercanas, pero no le alcanza a ella porque está demasiado lejos, hay demasiado filtro. Ella no es atraída, por más que esté cargada. Entonces ella tiene que llegar al lugar donde ella comienza a verlo, ella se le acerca, ella está cada vez más atraída, y el apantallamiento ocurre cuando ella es atraída al punto máximo… cuando el sex-appeal comienza a funcionar en directo y al máximo. Al punto más extremo para ella, hay una regulación del límite, una regulación en movimiento. Pero no hay Clooney si no hay la dama, él no existe sino porque hay fans… y mujeres.
Es un apólogo soberbio, pero que tiene un pequeño defecto. En efecto, los elementos no pueden verdaderamente funcionar entre dos como lo sugiere la analogía, la dama y Clooney, es preciso que haya mucha gente en el bar. Son varios elementos los que confluyen para constituir este fenómeno del “apantallar”. Pero posee la ventaja de hacer bien comprender que la persona de Clooney no hace pantalla, barrera a lo que él dice o hace; es incluso todo lo contrario, la persona de Clooney crea una atracción, una tensión hacia él, hacia lo que está haciendo y esta tensión tiene una regulación de los límites que se llama apantallamiento.
Lo que quiero mostrar es que cuando Lacan habla de su futuro viaje a Caracas y dice “cuando mi persona no apantalle lo que enseño”, eso no significa de ninguna manera, como se lo lee  lo más frecuentemente “cuando mi persona no haga pantalla a lo que enseño”. Resulta que este contrasentido, “apantallar” en el sentido de “hacer pantalla”, conlleva una dimensión doctrinal errónea y cuyas consecuencias son importantes.

Uso y utilización del apantallamiento por Lacan

Lacan utiliza este término “apantallar” cuatro veces en toda su obra, al parecer; por tanto conviene ahora ir a ver si este uso siempre es el mismo y en el mismo sentido.

El 8 de marzo 1967
La primera vez cuando aparece esta palabra es en el seminario La lógica de la fantasía en la sesión del 8 de marzo 1967. Es una sesión en la que Lacan retoma una vez más el problema del acting out. Él habla de su método como el que permite cortar el paso a que la presencia del sujeto en el campo analítico introduzca allí lo falaz, la falsedad. Y él insiste en el hecho de que es justamente en el campo que es el del psicoanalista donde las falacias del sujeto  lograrán mejor resistir. Citemos:

Quiero decir que lo que se puede llamar la resistencia de los psicoanalistas mismos a lo que es su propio campo es quizá lo que aporta el testimonio más notorio de las dificultades que se trata de resolver. Quiero decir: de su estructura misma”.
Él va a desarrollar que la “situación analítica”, la “relación analítica” constituyen el terreno sobre el cual se producen, para el analista, estas resistencias, una cierta manera de querer apreciar la realidad. La “situación analítica”, la “relación analítica” dan lugar a cantidades de desarrollos que se prestan “para permitirnos, dice Lacan, eludir la cuestión de lo que concierne al acto analítico”.
Previamente, él ha hablado de los oyentes de la trilogía trágica de Claudel que oyen a través de ciertas pantallas, pero que son oyentes que parecerían no deber ser incomodados por esta pantalla, a saber oyentes no religiosiadas de antemano, dice él, “que parecen, de la misma manera no querer oír nada de lo que se trata precisamente”. Allí tenemos un uso de la palabra “pantalla” como “filtro”, screening (es una sesión en la que el inglés y el franglés tienen mucha importancia, en la que Lacan declara que no se puede traducir to act out, o acting out).
Es también una sesión en el curso de la cual Lacan insiste sobre la importancia del uso de las matemáticas en psicoanálisis, y hace saber  - de paso - a aquellos que tendrían una duda sobre la exactitud matemática de los elementos utilizados,  dado su aspecto parcial, que ellos pueden ir a verificar que han sido correctamente tratados. Pone a los burlones de su lado al criticar una agudeza de uno de sus alumnos, “la próxima vez que iré a coger, no deberé olvidar mi regla de cálculo”, todo esto para hacer valer la dimensión de acto, tanto del acto analítico como del acto sexual.
Con la salvedad de que él toma la precaución de decir “tenemos que andar con cuidado con el acting out”, no “como rinoceronte en un almacén de porcelana”. ¿Cómo la intervención del psicoanalista en la situación analítica, dicho de otro modo, cómo la interpretación podrá tener “alguna relación con lo que considero como absolutamente no definido, a saber el acto analítico”?
Citemos el pasaje entero:
El acto analítico, claro está, se dirá, es la interpretación. Ciertamente, la interpretación es con seguridad una manera cada vez más creciente en el sentido de la decadencia – respecto a lo que parece más difícil, en la teoría, articular alguna cosa -,  por el instante no haremos más que tomar acta (es el caso de decirlo) de esta deficiencia, y observemos que, de una manera que no deja de conllevar, debo decirlo, alguna promesa, de todos modos tenemos algo de lo presente en la teoría que conjuga la función del analista (no digo la relación analítica para la cual acabo muy exactamente de dirigir mi índice para decir que ella posee, en esta ocasión, una función de apantallamiento) que la función analítica, por tanto, está en la cercanía de algo que es del registro del acto”.
Para ir rápido, diría que esta promesa Lacan va a situarla del lado de una clínica que no desconoce el objeto a. En este primer ejemplo, vemos la dificultad que hay para leer esta palabra “apantallamiento”. A mi juicio, está totalmente ligada a las maneras sucesivas que tiene Lacan de siempre abordar ese mismo caso de Ernst Kris del “Hombre de los sesos frescos”. La dificultad de lectura puede enunciarse así: o bien se lee que tomar en cuenta la situación analítica “hace pantalla”, impide la interpretación correcta, y que no se la tiene en cuenta, en suma se haría caso omiso de ella, para ir a lo que está “detrás”, lo que está “recubierto”, en fin, todos los malentendidos que hacen del inconsciente una instancia, o bien se lee que la situación analítica posee una función de apantallamiento, de acuerdo con la definición que acabamos de dar, es decir que el apantallamiento es una organización, una polarización, una configuración de las resistencias, y en particular las del analista, y que este apantallamiento precisamente ha de ser tenido en cuenta, sin por tanto producir una interpretación que sería una apreciación de esta situación, este es el terreno imaginario de la cura que está ahí y que está en juego en la producción de una interpretación que es de otro orden, de cierta manera, en particular la puesta en juego de la suposición del sujeto supuestamente sabedor.
En la medida en que Lacan insistió en la sesión para decir que él daba la impresión de utilizar trucos matemáticos elementales, pero si se quería verificar, ello se sostenía en las matemáticas de manera más amplia, se puede de todos modos suponer que el término “apantallamiento” le había sido proporcionado, quizás justamente por la física cuántica, de la que ocasionalmente hablaba como lo hemos visto, lo que vuelve, en efecto, particularmente interesante la introducción de este “apantallamiento”, con respecto al problema planteado, vuelto a plantear por él, de la intervención de Kris.

El 9 de octubre 1967
La segunda vez que Lacan utiliza el término ocurre algunos meses más tarde, en la Proposición sobre la passe, la que fue presentada oralmente el 9 de octubre l967, la Primera Proposición del psicoanalista de la Escuela. No se encuentra en la segunda, la que fue escrita y publicada en el primer número de la revista Scilicet. La frase es un poco complicada de desplegar. Se trata de la operación del pasaje analizante/analista y este pasaje tiene que ver con la función de apantallamiento. Es tomado en la pregunta que Lacan se plantea en esta primera proposición: ¿cómo aquel que hace la passe, que supera la passe y que al mismo tiempo la constituye, cómo puede él testimoniar de lo que ella es? Lacan combate aquí el punto de vista que consistiría en decir que el analizante termina su análisis y que el analista sale indemne, la famosa “liquidación” de la transferencia. Para ello tiene frases muy interesantes, por ejemplo:

Sólo hay que tener presente que respecto al psicoanalizante, el psicoanalista, y a medida que estamos más avanzados en el fin de partida, está en posición de resto hasta el punto de que es, en efecto, a él a quien apelaríamos, con una denotación gramatical que vale mil, el participio pasado del verbo,  que convendría más bien en este extremo”.

O aún:

Por lo que el psicoanalista ha dejado obtener al psicoanalizante del sujeto supuestamente sabedor, es a él a quien le incumbe perder el agalma. Fórmula que no nos parece indigna de ocupar el lugar de la fórmula de la liquidación - ¡término cuán fútil! – de la transferencia, cuyo beneficio principal es, a pesar de la apariencia, de siempre remitir, en últimas, la falta al pretendido paciente”.

Y esto ocurre en el momento que Lacan llega a hablar del psicoanalista como gozne, en el momento que evoca el deseo del analista. “Pero, ¿no es allí cuando es ofrecido al psicoanalizante ese giro de más en el doblaje que nos permite engendrar entonces el deseo del analista?” y dice:
Sin embargo, antes de dar ese paso, el de la passe, no dejemos escapar esta alternancia de la que nuestro discurso se vuelve síncope al hacer apantallarse el uno y el otro”.

[el uno y el otro  analizante /analista] y él agrega:
¿Dónde mejor comprobar la no intersubjetividad?

Si se hace una lectura rápida, se puede creer que el hecho de que él agrega aquello de “¿dónde mejor comprobar la no intersubjetividad” viene a confirmar el sentido de apantallamiento como “hacer pantalla”. No hay comunicación entre dos sujetos, no hay reciprocidad. No obstante, no es porque haya pantalla. En este punto, el apantallamiento, tal como intento presentarlo aquí, se vuelve muy esclarecedor. Hay una alternancia de la polarización, tanto por el uno como por el otro, como si la polarización de las cargas alternara, arrastrando en esta vuelta un torbellino de las resistencias, una configuración cada vez nueva en el sentido de que ello se orienta de manera diferente en un campo que es modificado cada vez de nuevo. Es vectorizado, y en absoluto de modo lineal. Es un campo estructurado por fuerzas, provenientes de las cargas de las personas, que no son neutras, para guardar el vocabulario de la física. No se puede decir que el método de Lacan sea pedagógico.

23 de abril 1969
Pasemos a la tercera ocurrencia, en el seminario De un Otro al otro, la sesión del 23 de abril 1969. El uso del término de “apantallamiento” aquí se vuelve verdaderamente claro porque Lacan evoca el objeto topológico que permite situarlo. Doy algunos puntos de referencia de la sesión.

Como preámbulo, él le da palo a los autores de un libro que acababa de aparecer, L’univers contestationnaire, de dos psicoanalistas, que habían creído poder utilizar la teoría psicoanalítica para analizar “la realidad” de la contestación estudiantil de mayo 68. Nada, nada que ver con el método de Lacan. Y él continúa recordando que en su grafo, la línea en forma de anzuelo, al recortar las dos líneas horizontales del enunciado y de la enunciación, delimita los intervalos donde se sitúan las “formaciones propiamente hablando imaginarias, especialmente la función del deseo en su relación con la fantasía, y la del yo en su relación con la imagen especular” y que los registros de lo simbólico, “en la medida en que se inscriben en las dos líneas horizontales, no dejan de tener relación con, no dejan de hallar soporte en la función imaginaria”, pero la doctrina freudiana que es, dice él, racionalista, este: “no dejan de tener relación con”, debe permanecer limitado, es decir articularse en proposiciones defendibles, en el nombre de cierta reducción lógica, que permite seleccionar lo que puede ser admitido o, al contrario, excluido. No hay, por tanto, la menor libertad de pensamiento y él agrega:

El pensamiento, dice Freud, impide el acceso al saber. ¿Tengo necesidad de recordar aquello de lo que se trata en el inconsciente, a saber, cómo se ha pensado el primer acceso a un saber? La Selbstbewusstsein de Hegel es el “yo sé que pienso”, el trauma freudiano es un “yo no sé”, el mismo impensable, puesto que supone un “yo pienso” desprovisto de todo pensamiento”.

Y es ahora cuando utiliza el término de apantallamiento:

Es ya en contra de la división que implica ese “yo no sé”, que el mero hecho de la presencia de la negación pone en suspenso, si puedo decirlo, pero justamente no lo digo, es un “yo no sé” que el “sé que pienso” está hecho para apantallar de modo definitivo. Por tanto, la verdad ya no es el lugar donde realmente está ese “…que yo pienso” en Hegel, la verdad, la designación del lugar donde ese “…que yo pienso” es motivado.

Enseguida, Lacan desarrolla que en el lugar donde “eso no quiere decir nada” gobierna un “eso quiere decir” de reemplazo, que la articulación freudiana es precisamente ese “yo no sé”, que por el hecho que de que está radicalmente olvidado no puede volver a su lugar, es imposible, es el pensamiento-censura, dice él, o la supuesta-pensura (“censée-pensure”).
Entonces, este “radicalmente olvidado” podría, una vez más, hacer interpretar el apantallamiento como cortina, pantalla total como se dice en cosmética. En absoluto, justo por debajo de la línea donde, en la estenotipia del seminario, está escrito ese “radicalmente olvidado” Lacan ha agregado a mano, “ver la botella de Klein”. Porque, en efecto, esto es lo que va a desarrollar un poco más lejos y tenemos el comentario, a mi juicio, sin equívoco del término de apantallamiento, puesto que volvemos a encontrar el término utilizado por los físicos respecto a la determinación de una estasis del límite cuando, de cierto modo, la dama se encuentra “a la buena distancia” de George Clooney. He aquí lo que Lacan dice:

Pues supongan que la estructura sea efectivamente aquí la de la botella de Klein, que el límite sea efectivamente ese lugar de reversión, donde lo que era el frente se convierte en el revés e inversamente, donde aparentemente la verdad está separada del saber, que nos baste pensar que este límite no es fijo, que él está por su naturaleza en todas partes, a saber que la cuestión se plantea para nosotros de cómo hacer para que esta división entre la verdad y el saber no se adhiera a un punto fijo puramente imaginario; y es esto de lo que los psicoanalistas se contentan, por falta de haber siquiera sugerido el problema, con dar una demostración bajo esta forma de no poder en absoluto desprenderse de cierta estasis de este límite”.

Volvemos a hallar esta articulación entre el apantallamiento y la clínica “con a minúscula” que necesita de esta alternancia, de este “gozne” del que es cuestión en la Proposición sobre “la passe”[10]. Lacan va a continuar la sesión al decir que las curas que se limitan al agotamiento de las identificaciones del sujeto no por ello resolverán lo que constituye el nudo del neurótico. Es imposible en este caso que el analista vaya hasta convertirse en “la mirada y la voz de su paciente”, dice él.

10 de junio 1980
Y para terminar con las cuatro ocurrencias de “apantallamiento”, la cuarta está, como ya lo había observado, en Dissolution, en la sesión cuando anuncia su partida para Caracas, en la que anuncia el título del seminario – declarado a posteriori. Todo este movimiento de disolución debe remitirse a lo que es el acto analítico. ¿Fue al hacer las tres primeras sesiones del seminario cuando la disolución de la EFP le vino a la cabeza? No era algo previsto por anticipado,  ello salta a la vista en la misma disparidad entre las tres primeras sesiones y las restantes.

Esta cuarta vez, en Dissolution, no carece de consecuencias, como lo vamos a ver. Retomaré aquí, a título solamente de contra ejemplo[11], un libro publicado hace algunos años en su traducción francesa, enteramente orientado por el “hacer pantalla” en el lugar mismo de “apantallar” y que, a mi juicio, va a indicar la orientación de esta obra en una contravía interesante, en la medida en que nos indica, justamente, un punto fuerte del desarrollo de las resistencias de los psicoanalistas al psicoanálisis[12]. He aquí la cita traducida de nuevo al francés:

Estos latinoamericanos, como se dice, que nunca me han visto, a diferencia de los que están aquí, ni me han escuchado de viva voz, pues bien, esto no les impide ser lacanianos.
Parece que más bien eso les ayuda. Soy transmitido allá por escrito, y parece que allí tengo descendencia. En todo caso, eso creen ellos.
Es seguro que allí está el porvenir. Y es por ello que me interesa ir allá.
Me interesa ver lo que sucede cuando mi persona no hace pantalla a lo que enseño. Es probablemente benéfico para mi matema”[13].
En otros términos, lo que es propuesto allí es una concepción del inconsciente como instancia; quiten la pantalla, levanten el velo y la cosa está allí detrás. No hay que producir la cosa, ya está allí.
Primer contra-ejemplo:
En apoyo de esta tesis, el autor convoca al estructuralista Claude Lévi-Strauss a quien presenta así: “Lévi-Strauss, consultado hace poco respecto a este asunto, se mostró distante del pesimismo de 1956 y, con un optimismo semejante al de Lacan en ruta para Caracas, convino en que la posibilidad de que el paso al escrito pudiera actuar como el filtro de la pasión de los seminarios”.

Ahora bien, ¿qué dice Lévi-Strauss? Lo contrario.

“(…) mi sentimiento [al observar el público del seminario] era que eso no se producía únicamente por aquello de lo que trataba Lacan, por lo que él decía a su auditorio, sino también por otra cosa extraordinariamente difícil de describir, de imponderable: su persona, su presencia, el timbre de su voz, el arte con la cual la hacía jugar. Detrás de lo que llamo la comprensión y que permanecería intacto en un texto escrito[14] intervenía una multitud de otros elementos”.

Lévi-Strauss, recopilador de las versiones de transmisión oral de un mismo mito, se sitúa en otro plano. El texto fija una transmisión, mientras que las fluctuaciones de lo oral y de la participación de los oyentes en la retransmisión de lo que han escuchado es precisamente aquello que debe ser captado desde un punto de vista estructural cuando se recopila la variedad de versiones, ello puede permitir extraer un matema. Por lo demás, Freud sostiene, respecto a lo escrito, un punto de vista idéntico al final de Moisés y el monoteísmo: los poetas, mediante su canto, transmiten lo reprimido, allí donde los textos refuerzan la represión. En la cita de Lévi-Strauss, es el texto intacto el que es trabajado por todo lo que está “detrás” y que recubre todas las manifestaciones orales, gestuales, circunstanciales subyacentes.

Toda la dimensión de apantallamiento, constitutiva incluso de la enseñanza oral de Lacan, es evacuada (no hay “lo que digo” sin “mi persona”) y permanece “la ventaja”[15]  de tener el texto puro que no poseen los que asisten a los seminarios de Lacan.

Segundo contra-ejemplo:

Es el del largo testimonio de Jean Thuillier, presentado como alguien “que refuta el enunciado de Lacan en nombre de la oscuridad de la enunciación”[16]. Thuillier es un “colega” de Lacan, un psiquiatra, que cuenta que discutía con él un día en la oficina de la supervisora del Servicio en el hospital Saint Anne antes de que comenzara su seminario y que le dice: “Entonces, ¿de qué vas a tratar hoy?”. Lacan le responde: “Escucha, ya lo verás… anda a sentarte en el público porque esto no demora en comenzar”. Entonces, ese día por primera y única vez, al parecer, Thuillier asiste al seminario.
¿Qué dice de ello?
Hacia mediodía, Jacques Lacan hizo su entrada a la sala, abriéndose paso entre los oyentes, ya sentados en las gradas, y avanzó hacia el estrado.
La mirada resaltada por finos anteojos de montura de oro, cabello gris al cepillo, corbatín con las alas bien puestas sobre el cuello de la camisa y la espalda de la chaqueta con grandes entradas, Jacques Lacan tenía la obligación de ser bello para su auditorio, tenía que serlo y lo fue.
De pie frente a su público, primero cerró los ojos, luego lentamente los abrió como si saliera de un profundo sueño. Primero, casi asombrado por la asistencia, apartó su mirada de ella, dio unos pasos hacia la derecha, luego hacia la izquierda, lanzó un brazo adelante como para señalar una sombra, pareció hablarse a sí mismo y súbitamente descubrió su estenotipista hacia quien se dirigió. Le dijo algunas palabras al oído, luego pareció buscar en sus bolsillos un objeto extraviado; al fin sacó unos pedazos de papel que alisó sobre una esquina de la gran mesa de paño verde; pareció examinarlos para leer algunas notas, luego siempre en el centro del estrado se inmovilizó de nuevo y después de haber lanzado de nuevo un brazo adelante, comenzó su discurso”[17].

Es contado a la perfección. Era exactamente así.
Es precisamente lo que intentamos fabricar cuando construimos el escenario del seminario El fracaso del Un-desliz es el amor publicado en el numero 21 de la revista L’Unebévue. Recordemos el arranque insensato de este seminario, el 16 de noviembre 1976.

(bullicio)
- Ya lo he dicho, me fastidia  mucho que haya tanta gente…
(bullicio) ¿Me escuchan?
Entre  el bullicio alguien dice: -¡No!
Lacan:- ¿ No funciona?
Algunos dicen:- ¡Sí, sí!
Lacan:- ¡No funciona!¿Eh?...¿no?
(aparte) ¿No puede hacer nada?... (Gloria y Lacan se hablan)
Lacan:- ¿Este, este micrófono marcha o no marcha?
Algunos dicen:- ¡No!.
 Alguno, adelante, dice con ironía:- ¡Camina!
Lacan:- ¿Cómo?... ¿Ahora funciona?
El público:- ¡No se oye nada!
Lacan:- ¿Alguien oye algo? ¿Cómo?
Alguien grita:- ¡No está suficientemente fuerte!
Lacan:- No, pero si hay micrófono es para el, el fondo oiga. ¿El fondo oye?
(no hay respuesta, sólo algunos vagos: ¡sí! ¡no!)
Lacan, vociferando:- ¿Allá se oye?
El público a coro: ¡Sííí!

Lacan:- Aquí tenemos, hay … un afiche como este,  grotesco… (mucho alboroto entre el público y risas)
Una voz: - ¡Está al revés!
Lacan:-¿Lo han sabido leer? ¿Qué  dice para ustedes, eh?, el no-saber que sabe  al menos, hace  … hace bla-bla.  Crea un equívoco… lensuksé…[18]."

Ninguna restitución del seminario de Lacan es verdaderamente posible, salvo por medio de una ficción para hacer captar lo que allí sucedía. Una narración también lo puede lograr; Thuillier lo demuestra, él no refuta absolutamente nada; al contrario, él describe muy bien todo lo que Lacan desplegaba en público para crear ese apantallamiento, para lograr el efecto George Clooney y no el de un profesor en su escritorio. La enseñanza oral de Lacan es lo que él dijo el día tal o cual día, a tal o cual hora, con su corbatín, sus ojos cerrados, su brazo levantado y sus papeles arrugados; es lo que se produjo como enseñanza ese día. Años después, Thuillier aún está ocupado por la cuestión evocada ese día por Lacan, los amores de los puerco-espines.

La cuestión falsa era el amor. ¿Qué habría que creer? ¡Miren el puerco-espín!. ¡Problema! Dos puerco-espines, dos problemas. ¡Y el amor! La solución. Piensen en el vientre blando, las espinas en el dorso. Lean, en tiempo normal estas espinas,  pero susceptibles de erección. ¡Y la erección, la otra, la verdadera, la del acoplamiento! ¿Cómo hacen? ¿Eh? ¡No es fácil!. Y, no obstante, ¡salen con la suya! Esto es. Es todo de lo que me acuerdo del curso de Lacan: el amor entre los puerco-espines”.

Cuando Lacan sale para Caracas, “lo que hizo a más de uno patinar”, como él lo dijo, fue esto que declaró al público que fue  a escucharlo:

¿Son ustedes  mis alumnos?, no lo prejuzgo. Porque mis alumnos, tengo la costumbre de formarlos yo mismo… […]… En París tengo la costumbre de hablar a un auditorio en el que muchas cabezas me son conocidas por haber venido visitarme, 5 calle de Lille donde tengo mi práctica. Ustedes, parece, ustedes son mis lectores. Lo son tanto más que nunca los he visto escucharme. Entonces, evidentemente tengo curiosidad respecto a lo que me puede venir de ustedes. Por eso les digo: Gracias, gracias por haber respondido a mi invitación”.

[1] La honestidad me obliga a confesar que mi lectura de ese seminario no escapó de cierta extravagancia que al principio me llevó a considerar, erróneamente, la palabra “apantallar” como un neologismo. En 789 Néologismes de Jacques Lacan, París, EPEL, 2002.
[2] La troisième, Roma, 1974.
[3] Lacan, resumen del seminario …ou pire, redactado por él mismo. París, Seuil, agosto, 2011, p. 240.
[4] Lacan, L’étourdit, Silicet 4, París, Seuil, 1973, p. 21.
[5] La existencia de leyes universales de carácter científico, el descubrimiento de estas leyes por la experiencia científica, la reproductividad perfecta de los datos experimentales.
[6] Como lo hace Jacques-Alain Miller en su transcripción del seminario Encore, sesión del 15 de mayo 1973. París, Seuil, p. 110.
[7] Werner Heisenberg, Philosophie, Le manuscrit de 1942, París, Seuil, 1988, con una notable introducción de Catherine Chevalley.
[8] En julio 1973 (resumen de …ou pire), el 7 de octubre 1973 (Introducción a los Escritos en alemán), el 2 y el 3 de noviembre 1973 en el congreso de la Grande Motte, en las sesiones del 8 y 15 de mayo 1973 de Encore, en el cual cita Heisenberg (y no Einstein como lo publica le Seuil) y en julio 1973 en una declaración a France Culture. El seminario RSI, de 1975, puede también ser considerado como el viraje cuántico aún más afirmado de Lacan.
[9] Encore, sesión del 15 de mayo 1973. La versión du Seuil es diferente.
[10] La consecuencia de esta posición que desconoce el apantallamiento y le sustituye “hacer pantalla” se encuentra incluso en la “passe”. Se puede leer por ejemplo esto: “Lacan también inventó el dispositivo de la passe con la finalidad de que quien ha hecho un análisis, y lo ha llevado hasta su término, pueda dar cuenta de ello, formalizar el saber que fue operatorio, de la manera más rigurosa posible, para elevarlo a la dignidad del matema”. Agnès Aflalo, L’invention incessante, in Le diable probablemente, París, Verdier, 2011, p. 51.
[11] Jorge Baños Orellana, De l’hermétisme de Lacan, Figures de sa transmisión, París, EPEL, 1999 [en castellano: El idioma de los lacanianos, Ed.Atuel, Argentina, 1995]. Claro está hay otros; además de la posición de J.-A. Miller, la de Zafiropoulos especialmente quien, en el libro publicado bajo su dirección, Les années Lacan, aparecido en 2003, escribe en la contra-carátula: “Motivando tanto la fascinación como el rechazo y, por tanto, ‘memorables’ efectos de grupo, en todo caso subsiste un “pensamiento Lacan” cuyo alcance estamos en mejores condiciones de apreciar, cuando los sentimientos respecto a la persona del autor hacen ahora menos pantalla a la lectura de sus textos”.
[12] Podríamos creer, inicialmente, que esta contravía se debe al traductor, pero en absoluto; al contrario, el traductor cayó en la trampa del texto de Baños mismo. Baños precisamente comenta la cita, viendo en ella “la esperanza del viejo”, su “optimismo” y el consuelo aportado por este público (latinoamericano) “futuro receptor de su obra” y, se lo verá a lo largo de su desarrollo, desembarazado de todas esas molestas transferencias que impiden el acceso al texto que se defiende solo, gracias al hermetismo del estilo. Quizás sea una tesis que Barthes no repudiaría (no obstante, de ello no estoy seguro), pero de lo que se trata es de captar en qué no es lacaniana, en qué constituye un punto de vista erróneo de la cura, como si los analizantes fueran ineptos para seguir la enseñanza de Lacan, mientras que Lacan siempre sostuvo lo contrario, y de nuevo fue lo que hizo ese día.
[13] Jorge Baños Orellana, De l’hermétisme de Lacan, Figures de sa transmisión, París, EPEL, 1999, p. 40. [en castellano: El idioma de los lacanianos, Ed.Atuel, Argentina, 1995 Dejemos de lado el detalle de las transformaciones del texto, aunque ellos conducen gradualmente a la contravía respecto al apantallamiento y tomemos los puntos más significativos.
La palabra “lacano” que utiliza Lacan se ve transformado en “lacaniano”. Lacano, parecido a “latino”, es utilizado como cuando calificamos a alguien de “músico”; es precisamente para no decir “musicien” (músico), sino más bien para decir que la música es un pasatiempo para él.
Continuemos: “Me he transmitido allá por escrito” allí donde Lacan dice “me he transmitido allá por el escrito”. Transmitido por escrito implica un destinatario y Baños da ese paso al designar los latinoamericanos como los destinatarios privilegiados de Lacan, los “futuros receptores de su obra”. Mientras que Lacan comenta este “por el escrito” al insistir, me parece, sobre la ausencia de destinatario: Parece, dice él, “parece que allí tengo descendencia. En todo caso, eso creen ellos”. Lo que lo lleva a tomar los latinos por el porvenir del psicoanálisis. “Por seguro es el porvenir” dice Baños, como si Lacan hablara de felices expectativas. ¡Qué contrasentido! Es seguro que es el porvenir dice Lacan, está diciendo que el porvenir seguro es que él va a morir, no era una expresión optimista. Él fue a decirles: “Ustedes no son mis alumnos” por que “mis alumnos, los formo yo mismo” (“mes élèves, je les élève moi-même”) y él agrega “Quizá mi matema gane con ello” y no como lo hace decir Baños “Es probablemente benéfico para mi matema”.
Y llegamos a ese “Me interesa ver lo que pasa cuando mi persona no apantalla lo que enseño”. Aquí la distorsión es la que acarrea más consecuencias, porque afirma lo contrario de un punto de doctrina esencial, a mi juicio, en Lacan.
[14] Las cursivas están en la cita de Baños para subrayar lo que dice Lévi-Strauss.
[15] Op.cit., p. 41.
[16] Ibid., p. 33.
[17] Ibid., p. 34.

[18
Apa.

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