¿Fosacomún,vida común, comunidad? O Moisés Romero Castro


La comunidad y su violencia: la fosa común y el detrimento de la vida en común
Oscar Moisés Romero Castro

(Texto tomado de http://reflexionesmarginales.com/3.0/la-comunidad-y-su-violencia-la-fosa-comun-y-el-detrimento-de-la-vida-en-comun/ )
Las humanidades acostumbradas por las modas o por costumbres en lo que ha sido el inicio de nuestro siglo[1]quedan petrificadas cuando se le ponen a operar. Tratar de extenderlas para apropiarse de las investigaciones, de los fenómenos a los cuales se les estudian, regularmente llegan a fracasar o quedarse en el ámbito de lo cuantitativo y predecible. Por falta de instrumentos teóricos inclusive varias investigaciones se vienen abajo. Pero sin duda es parte de la filosofía la responsabilidad, es responsabilidad de lo que deje de decir o articular, por lo tanto es menester entender a los fenómenos y problemáticas que ella mantiene o problematizar aquellas problemáticas aun no comprendidas y que no son propiamente solo por causas de la filosofía.

Atender al fenómeno de la comunidad, que es uno de los conceptos hoy menos claros, imprecisos, ininteligibles; pero a la par más usados por el discurso de la política actual. Deja entrever que en el momento que se ha tratado de definir el concepto de comunidad, se han edificado un sinfín de conceptos, que consolidan el detrimento que tiene la misma; la historia que tienen los postulados de comunidad, y se pueden tomar como referente la polis, la comunión, el estado, la sociedad, la ciudad… nos dan la disposición de interrogar ¿por qué a lo que entendemos hoy, lo llamamos comunidad? ¿Por qué comunidad, por qué simplemente no designarle ciudad o algo que se le parezca?
El concepto de comunidad trae consigo mismo un conflicto, desde un principio la designación de la comunidad como la vida-con, se fue diluyendo en el concepto impreciso de la ciudad vista como multitud, con Aristóteles es muy claro, ya en el inicio de su libro la Política: una comunidad no se sostiene desde la unión o amontonamiento de sus individuos.[2] Así:
La ciudad no es en principio la «comunidad» como tampoco es en principio el «espacio público»: es al menos tanto como la revelación del ser-en-común como dis-posición (dispersión y disparidad) de la comunidad sin origen común.[3]
Es así que el problema de la ciudad queda socavado a la aglomeración, su origen no es la relación con el otro, en este entendido se alza la aporía de una comunidad que debería precederse de su constitución, como afirma Jean-Luc Nancy “el «contrato» por su propio concepto, es la negación o la prescripción, de la desligazón originaria de las singularidades que deberían «concluirlo»”.[4] Es la rotura del vínculo de la singularidad de sus individuos, de pasar a pensar la proximidad del uno con el otro y sus distancias, su ocupamiento en el mundo, pasamos a la negación del otro desde el momento que buscamos que artificiosamente se de una relación con el otro, en suma basamos nuestros resquicios de comunidad al número y la secuencia, un plano secuencia que repite la misma imagen, una imagen que se resiste a ser la misma. La singularidad la entendemos como un entre “la inefabilidad del individuo y la inteligibilidad del universal”[5] lo contingente e indeterminado, media lo que en la tradición nos ha devenido como universal y lo particular, la singularidad es única e irrepetible y por ello una comunidad debe contemplar a la singularidad.
Elaborando un paréntesis con la singularidad, la comunidad siempre entra en dialogo con la política pero subsumiendo su concepto por otro. Eso que designamos, como el bien estar, y la regulación de la formas de vida mejores, pero como hemos aclarado siempre ha entrado en crisis, una crisis paradójica de recuerdos violentos aun todavía incomprensibles; hay que puntuar que la recuperación de estos hechos tan singulares, que nos demarcan de
(…) no necesariamente reconocer una comunidad allí donde todos ven comunidad. No por pretensión de ser extravagantes, sino por producir una ética que contemple también la extravagancia y las líneas de fuga, los nuevos deseos de comunidad emergentes, las nuevas formas de asociarse que están surgiendo en los contextos más auspiciosos o desesperantes.[6]
 
Tratar de definir lo que es el concepto de comunidad, en la fuga y la violencia, tratando a la vez de definir esto que designamos como sociedad, ciudad, identidad, nación, y todo lo que se ha efectuado para designar esa comunidad que nunca ha llegado, hace mantenernos como “(…) los testigos del agotamiento del pensamiento de la historia, es el testimonio de la disolución, de la dislocación o confragación de la comunidad”.[7]
El concepto de ciudad, soberanía, tienden a un aglomerado, a una dispersión, y engloban en su interior un amontonamiento rígido, lo hemos pensado para la población que ya no entra en las grandes ciudades primarias, para elaborar los dichosos terceros mundos. Los conceptos que han devenido en aras del concepto de comunidad, siempre han erigido la historia, y preguntemos sino es cierto que el concepto de «Estado», ha perdurado, mientras que el concepto de comunidad solo es secundario, y es secundario incluso desde su raíz etimológicamente, la cual designamos en primera instancia como un fenómeno histórico positivo que debe otorgar toda política. Pero la comunidad es un abstracto y solo se llega a pensar en la communitas, Estado o carácter común, de sociabilidad y afabilidad,[8] es la metamorfosis del concepto de comunidad en el que debemos de escarbar pero a la par darle voz a todas la implicaciones que ha traído consigo, la violencia, la hambruna, los pobres olvidados, las muertes constantes y asesinatos incontrolables por la policía y el crimen.
La vida en común es un imprevisto, lo que no hemos previsto es lo que nos acontece y nos aconteció, tal es el caso del lager, los campos de concentración nazi. Estos son los que tanto le afligieron a Primo Levi, y por ese afligimiento de Levi nos fue donado también el frívolo sufrimiento, así es menester analizar las consecuencias que se desprenden de las condiciones de un Gueto o el lager y nos someten a analizar la bifurcaciones que yacen de ese fenómeno tan atroz. Y el siguiente relato frívolo nos dista de todo escarnio de vida en común, el campo de concentración, viene hacer tangible los deseos de reelaborar el concepto de la vida en común vista desde el lager.Hay una imposibilidad de vida en común dentro de este fenómeno, la cual nos concierne a analizar, en el lager:
Su vida es breve pero su número es desmesurado son ellos (…) los hundidos, los cimientos del campo, ellos, la masa anónima, continuamente renovada y siempre idéntica, de no hombres que marchan y trabajan en silencio, apagada en ello la llama divina, demasiados vacíos y para sufrir verdaderamente. Se duda en llamarlos vivos: se duda en llamar muerte a su muerte, ante la que no temen porque están demasiado cansados para comprenderla.[9]
Las fronteras entre la muerte y la comunidad, son muy borrosas, casi imprecisas en concomitancia la muerte es anónima, solitaria, única, irreparable, y misteriosa. ¿Qué decir de la muerte y la comunidad? Hablar de estos discursos que están en busca de la comunidad es hablar de ideas inmóviles, de inmovilizaciones que a través de la supuesta preservación de la vida en común, —la muerte es reabsorbida—.[10] Para que la muerte obtenga un sentido en nombre de esa pulcritud, un ejemplo: es el caso que para el nazi la raza aria le otorgaba la comunidad, es ahí donde se habla de supremacía natural donde el vacío se causa; revela el sufrimiento de sus víctimas.
El punto de reflexión al que recaen los sufrimientos, lamentos y estupores del campo de concentración, es el «cadáver», quizá la consecuencia más espantosa es la eliminación de todo espaciamiento que pudiera comprobar que el lager fue real, porque los innumerables cadáveres de las víctimas, que deliberadamente asesinadas o como afirma Primo Levi: consumidas por las privaciones, podían constituir una prueba y tenían que ser eliminados fueran como fueran. La primera solución más terrible, es la de amontonar simplemente los cadáveres, centenares de miles de cadáveres, en grandes fosas comunes.[11] ¿Cómo se justifican estas fosas comunes? Y no solo estas sino las fosas encontradas en México por la guerra fratricida por el narco, las del franquismo español, África…y las que encontramos en varios lugares del mundo día a día. A saber el concepto de comunidad se desmorona con el repetimiento de miles de fosas comunes a lo largo de la historia, ¿la fosa común es una comunidad? El entronque entre estos dos conceptos, y su razón final de significar cuerpos que comparten un lugar en el mundo es casi irremediable. La fosa común tal como nos la hemos inventado vendría a ser una imposibilidad de reinventar y establecer un concepto de comunidad.
No es que la fosa común sea la comunidad sino que la misma pregunta hace resonar que el «común» lo hemos abandonado en una fosa. Así la fosa común primeramente utilizada para arrojar los cadáveres tras las enfermedades, epidemias o catástrofes naturales que azotaban al mundo, —para ejemplo la peste negra—, pasaron secundariamente a ser utilizadas para esos cadáveres que no tenían sepultura propia, que eran irreconocibles, que son un dejo irreconocible por la historia.
En una fosa común encontramos esa singularidad cualquiera, y por ello se hace un esfuerzo por redefinir la figura del cadáver, que llena la fosa pero a la vez vacía y hace un vacío en este mundo, el quehacer de una fosa no es una flotación de almas de sentido en nombre de la comunidad, la fosa se hace en la tierra donde al estar enterrados los cadáveres, reconocemos que distan de nosotros, de esa proximidad y ese alejamiento de mi lugar, de mis brazos, mis extremidades y mi voz.
Es esta fosa que tiene cuerpos encimados, cadáveres acallados bajo tierra ¿Por qué fosa común? Tan degradado y desgarrable se ha vuelto este concepto de lo común, del cual surge una necesidad para designar una fosa común, que fronteras separan los conceptos de fosa común y comunidad ¿Cuál es la diferencia?
Se atiende por lo consiguiente a la singularidad que en líneas anteriores habíamos dejado suspendida, ante la ratificación que por lo demás una comunidad deberá contemplar la singularidad y la cual la entendemos, como el ejemplo de la fosa común que da lugar a esa singularidad de hecho, como afirma Agamben:
Por una parte, todo ejemplo viene tratado, de hecho, como un caso particular real; pero, por otra, se sobreentiende que el ejemplo no puede valer en su particularidad. Ni particular ni universal, el ejemplo es un objeto singular que, por así decirlo, se hace ver como tal, muestra su singularidad.[12]
La fosa común con su disparidad singular, ensordece con su silencio. Nótese que hablar de este silencio o el silenciamiento de los singulares-cadáveres encimados, no es por el simple hecho que se les ha acallado la voz, encimándolos unos con otros, sino que una fosa común, no guarda aproximación, los cadáveres no están próximos, son continuos, hay destazamiento, fragmentación es un choque de espaciosidad con espaciosidad, de cuerpo con cuerpo, espaciosidad se entiende que guarda un equivalente con el cuerpo, donde se echa por tierra una vez más la supuesta frontera entre el sueño individual y el sueño colectivo.[13]
La fosa vendría a ser una signatura[14] de lo común, que nos refrenda la violencia, amenaza y el sufrimiento; es una generalidad aniquiladora del espaciamiento del otro, que es un singular irremplazable, que tiene una contigüidad única, hace su propia distancia para concretar en el mundo su ser cualquiera que le deviene. En la fosa por su parte la continuidad de cuerpos sobre cuerpos, hacen una repetición de huesos encimados, y es lo que significa a los ojos de nuestra razón solo cuerpos sin verbo, sin sentido, la fosa viene a significar la nada que no atrae de si sentido.
Hoy tras la normalización de la violencia en México y las millones de fosas encontradas en el país por los enfrentamientos de la guerra contra el crimen organizado, vienen a significarnos a los ojos de la razón una necesidad por esta normalización de la violencia que incluye la vida en común, pero que a la vez la excluye cuando se siguen repitiendo el encuentro de una fosa común más.
La complicidad de estos hechos históricos están ahí donde la singularidad cualquiera, es acallada o consumida por la normalización de la violencia,[15] a colación tenemos todos los relatos de Primo Levi recordemos el estupor que remarca:
No hay prisioneros que no recuerde, y que no recuerde su estupor de entonces: las primeras amenazas, los primeros insultos, los primeros golpes no venían de la SS sino de los otros prisioneros, de «compañeros», de aquellos misteriosos personajes que, sin embargo, se vestían con la misma túnica a rayas que ellos, los recién llegados, acaba de ponerse.[16]
Resignificar el problema de la comunidad en el siglo xxi, es referirnos a encontrar una estructura en donde se tome en cuenta una explicación de los expolios de violencias que se están hoy propagando por todo el orbe, así la explicación de Primo Levi, de que aquellos que lanzan los golpes son los más próximos, aquello que lanzan los golpes de unos a otros son la continuidad de los iguales donde no hay diferencia alguna. El crimen organizado en México, resulta ser, que repite la misma estructura de violencia, más allá de surgir un orden y condiciones sociales, históricas, económicas y eventuales para que permearan en Alemania por su parte el nazismo y en México el Crimen organizado, llevan dentro de sí el Estado de excepción que se nos muestra desocultado en las fosas comunes.
Unas de las tesis más exuberantes de Giorgio Agamben —de la cual nos apropiamos— es precisamente que el Estado de excepción como estructura política fundamental en nuestro tiempo viene a ser una regla, por el motivo que cualquiera puede darle muerte a cualquiera.
Cuando nuestro tiempos ha tratado de dar una localización visible permanente a eso ilocalizable, es resultado ha sido el campo de concentración. No la cárcel sino el campo de concentración es, en rigor, el espacio que corresponde a la estructura originaria del nomos. (…) El campo, como espacio absoluto de excepción, es topológicamente diverso de un simple espacio de reclusión. [17]
El lager al que hace alusión Primo Levi y la guerra contra el narco, los genocidios en África… y la variedad que alrededor del orbe dejan fosas comunes, da la posibilidad de introducir una afirmación acerca de la materia de seguridad de la política contemporánea. Que es inevitable un fenómeno como Auschwitz o un genocidio en Ruanda e inclusive cualquier evento con magnitudes mayores a las de Auschwitz. Enseguida si este fenómeno apareciera no se podrían evitar; porque la violencia cuando viene a ser normalizada como la esencia de la política, no dejará de usar violencia para que salga avante la política o se logren sus objetivos en materia de seguridad.
En el Estado de excepción contemporáneo eso que llamamos poder constitutivo hoy por hoy, su base para subsistir es la violencia que la ejerce como derecho; siempre en miras a la conservación de la vida en común, así, sí desaparece la conciencia de la presencia latente de la violencia en una institución jurídica, ésta decae.[18]
La comunidad es este lugar donde hay proximidad, no hay encimamiento, más allá de los distintos simulacros de la vida en común, lo que aparece con todos estos pasajes violentos es el ensanchamiento de nuevas formas de referirnos a la comunidad, desde las distancias.[19] Experimentar las distancias de los otros e interpretarlas es ingresar a una trasformación y una metamorfosis del concepto de comunidad, ingresar en el tramo de las distancias es también, contemplar las distancias de una fosa común y la retención de ese guardar distancias. En el ejemplo de una fosa común es dar entonces cuenta de esos cadáveres privados de su espaciamiento que también hicieron distancia.
Conscientes de que no se evitaría un genocidio por el simple uso de la razón, sino que se requiere de la disposición de la razón de no hacerlo, y la disposición de la razón de no hacerlo decae cuando en la estructura está normalizada por una cultura de la violencia, se concluye en la propagación de comunidades más violentas, que se renuevan más y más siendo inevitables. Así históricamente el discurso de la reconstrucción de la comunidad tal como hemos ondeado en todo lo anterior de este escrito, muestra lo mucho que nos ha constado —las miles de fosas comunes—. En tal asunto se sostiene que la misma razón parece que ha sido asaltada, no por la irracionalidad sino por ella misma.
 
Bibliografía
  1. Agamben, Giorgio, La comunidad que viene Agamben, Traducción de José L. Villacañas y Claudio La Rocca Pre-textos, Valencia, Pre-textos 1996
  2. Agamben, Giorgio, Signatura rerum, Traducción de Flavia Cosla y Mercedes Ruviluso Barcelona, Anagrama, 2010.
  3. Aristóteles, Política, versión de Antonio Gómez Robledo, UMAN, Ciudad de México, 2000.
  4. Eduardo Subirats, Violencia y Civilización, Buenos Aires, Losada, 2006.
  5. Giorgo Agamben, Homo sacer I, Traducción Antonio Gimeno, Valencia, 2010.
  6. Nancy, Jean Luc, Ser singular plural, Traducción Antonio Tudela, Arena Libros, Madrid, 2006.
  7. Nancy, Jean-Luc, La comunidad desobrada, Traducción de Pablo Perera, Arena libros, Madrid, 2001.
  8. Nicol, Eduardo, Las ideas y los días, Coordinador Arturo Aguirre Moreno, Afínta, 2007.
  9. Pál Pelbart, Peter, Filosofía de la deserción, Traducción Santigo García al, Tinta Limón, Buenos Aires, 2009.
  10. Primo Levi, Trilogía de Auschwitz, Traducción Pilar Gómez, Barcelona, Océano, 2005.
Notas
[1] El fenómeno social de las modas en filosofía es un tema y aparte, pero que le compete a la comunidad tal como lo Esclarece Eduardo Nicol, apunta más bien con respecto a las costumbres y productos que por naturaleza son efímeros, nos refrendamos a entender que la moda no es cosa sería, a lo que entendemos como un fenómenos nuevo en filosofía y en general en el pensamiento, es como si un virus de frivolidad hubiese penetrado en el organismo del pensamiento. Eduardo Nicol, “Socrates que la hombría se prende”, Las ideas y los días, página 453 y ss.
[2] Aristóteles, “libro I”, Política, 1252 a y ss.
[3] Jean-Luc Nancy, “Primera parte”, La comunidad desobrada, página 39.
[4] Jean Luc Nancy. “Entre nosotros: filosofía primera”, Ser singular plural, página 39.
[5] Giorgio Agamben, “Cualsea”, La comunidad que viene Agamben, página 9.
[6] Peter Pál Pelbart, “Cómo vivir solos”, Filosofía de la deserción, página 41.
[7] Jean-Luc Nancy, “Primera parte”, La comunidad desobrada, página 13.
[8] Eustaquio Echauri, Diccionario esencial latino vox: latino-español, español-latino, Página 92.
[9] Primo Levi, “Los hundidos y los salvados”, Trilogía de Auschwitz, p. 120.
[10] Bataille comprobó que la nostalgia de un ser comunional era al mismo tiempo el deseo de una obra de muerte. Estuvo obsesionado, con la idea de que un sacrificio humano debería sellar el destino de la comunidad secreta de Acéphale. Comprendió sin duda entonces, tal como escribió más tarde, que la verdad del sacrificio exigía a fin de cuentas el suicidio del sacrificador. Jean-Luc Nancy, “Primera parte”, La comunidad desobrada, página 38.
[11] Cfr. Primo Levi, Los hundidos y los salvados, Trilogía de Auschwitz, p. 447
[12] Giorgio Agamben, “Ejemplo”, La comunidad que viene Agamben, página 13.
[13] Véase Peter Pál Pelbart, “La vergüenza y lo intolerable. Cine y holocausto” Filosofía de la deserción, página 270 y ss.
[14] Toda investigación en las ciencias humanas ―y en particular en el ámbito histórico— tiene necesariamente que ver con las signaturas. Tanto más urgente es para el investigador aprender a reconocerlas y dominarlas del modo correcto, puesto que, en última instancia, el éxito de sus indagaciones dependerá precisamente de ellas. Deleuze escribió que una investigación filosófica implica al menos dos elementos: la identificación del problema y la elección de los conceptos adecuados para enfrentarlo. Es preciso añadir que los conceptos implican signaturas, sin las cuales permanecen inertes e improductivos. Puede ocurrir, así, que lo que parece a primera vista un concepto, se revele como una signatura (y viceversa). Hemos visto, en este sentido, que en la filosofía primera los trascendentales no son conceptos, sino, más bien, signaturas y «pasiones» del concepto «ser». Giorgio Agamben, “Teorias de las Signaturas”, Signatura rerum, página 13.
[15] Cfr. Eduardo Subirats, Violencia y Civilización, páginas 61-73.
[16] Primo Levi, Los hundidos y los salvados, Trilogía de Auschwitz, página 483.
[17] Giorgo Agamben, “La paradoja de la soberanía”, Homo sacer I, página 33.
[18] Ibídem, 57 y ss
[19] Peter Pál Pelbart, “Cómo vivir solos”, Filosofía de la deserción, página 49.

Comentarios

  1. Agradezco haber compartido este texto, de especial importancia para pensar la dificultades que plantean experiencias de la modernidad y de nuestro tiempo, en nuestro país y todo el planeta. La idea de la fosa común como sepultura de lo común y de la comunidad, me parece sobrecogedoramente fecunda; al igual que la concomitante propuesta de producir y sostener un espacio social real para cada ser humano y su modo singular de vivir y habitar un cuerpo, como forma elemental del hacer comunidad y poner coto a la violencia aniquilante.
    No obstante se trate de una experiencia que pueda parecer lejana en el tiempo y la geografía, pero que tal vez no lo es tanto, me ha sido inevitable pensar en Camille Claudel, hoy sepulta en una fosa común del Hospital de Montdevergues, en Avignon, Francia. Tras haber sido ahí internada durante casi 30 años, sus restos permanecen en ese mismo lugar, sin tumba ni lápida ni nombre, (a posteriori, fue colocada una placa conmemorativa, en un lugar aproximado) exiliados para siempre del lugar donde descansan sus ancestros, y son el testimonio de cómo una sociedad, una familia pueden llegar a extraviar sus lazos comunes, de sangre incluso, en nombre de una "razón" médica, política y religiosa. Significativamente, esto ocurrió en el tiempo transcurrido entre las dos terribles y grandes Guerras... Camille murió en 1943, anciana, pero también murió de hambre, al igual que cientos de enfermos del Hospital que, a causa de la crisis por la Guerra, no tenía provisiones suficientes para alimentar a su población. Montdevergues y sus locos se habrían convertido, indirectamente, en una especie de lager... también.

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  2. Muchas gracias, por publicarlo en la plataforma, soy el autor del articulo, sobre la reflexión anterior en pleno siglo xxi hay que reflexionar sobre los restos de una deuda que nunca nos podemos quitar de encima, el lager también forma parte de una construcción política que refleja las imprecisiones para conceptualizar las violencias y la fosa común, y si es necesario hay que vincular e interrogar todo lo que se nos parezca político. No hay que sucumbir ante estos hecho violentos que se propagan por todo el orbe, no hay que caer en el olvido, antes hay que hacer memoria por todos los singulares que también espaciaron en el mundo y han resultado ser los cimientos de una comunidad de la deuda que debe a muchos familiares en el caso de México, personas desaparecidas y encontradas en fosas comunes.

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    1. Moi Romero: gracias por tu comentario, comparto los horizontes que abres al igual que los despliegues de tu texto. Será posible tomar contacto entre nosotros ¿Te parece? Te dejo aquí mi link de facebook y nos contactaríamos por mensaje privado: https://www.facebook.com/asladogna

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