"M.T.B." (fragmento) ¿Nieto de Lacan?, texto subido por alberto Sladogna



Agradecemos a Adolfo Bergerot, psicoanalista, argentino quien tuvo la gentileza de permitir editar este fragmento en castellano del artículo que publicó en la revista de Paris, Francia, L'Unbévue,30, bajo el título "M.T.B."(pp-9-20). Ese texto formará parte del próximo número de artefactos, una revista de la elp,#4, 2013 a editarse en fecha proxima. El artículo contará con una adenda a cargo de Adolfo Bergerot y se titulará "M.T.B."¡Chiste real!
Aquí un fragmento del texto  
M.T.B.
No, no te conviertas en lo que eres. Lo que individualiza es el nombre propio, es decir el lenguaje donde este nombre toma lugar, es decir el control social a través de la voz interiorizada, es decir la servidumbre sin fin. No te conviertas en el esclavo de los tuyos por el patronímico que te dieron en esa lengua colectiva que te enseñaron. Si no actúas así, el nombre que te han dado tomará el lugar de tu carne.”

                                                                           Pascal Quignard, “La barca silenciosa”




Yace aquí quien tanto huía, que recién ahora escaparía

                                                                           Samuel Beckett, “Primer amor”



…no, miento, fue en el 2011 cuando confirmé que Lacan era mi abuelo y empezó todo esto. Bueno, todo es un poco mucho. Cuando digo todo, me refiero a descubrir que la abuela paterna que nunca conocí, fue la  primera amante de Lacan, y que el hijo que tuvieron, oculto, secreto hasta ese momento, era mi padre.

Y lo que empezó fue una reconstrucción.


En 1994 es cuando leí la biografía de Lacan hecha por Roudinesco, y entonces  me enteré de su existencia, de su nombre completo,  ya que hasta ese momento, solo era unas iniciales: M. T. B.  


Antes, en el 89, las encontré por primera vez en la tesis doctoral sobre  el caso Aimme, como destinataria de la dedicatoria que Lacan le hace, y allí escribe sus iniciales: a M.T.B. seguida de una frase en griego, ής  μή παρούσης  γ`έμοί ούχ άν έγενόμην οιος  γεγένημαι,  que traducida, dice más o menos así: “No sería el que soy, sin su ayuda[1].


¿Quién sería ese/a al que Lacan, reservando, ocultando su nombre con tres iniciales, y  esa frase, le otorgaba  el privilegio de encabezar la dedicatoria al publicar su tesis?, ¿Por qué ese homenaje velado?...y en griego?



Es en la biografía, “Lacan, esbozo de una vida, historia de un sistema de pensamiento” cuando esas iniciales me develan su secreto, ofreciéndome su nombre: Marie-Thérèse Bergerot.


Era un buen comienzo. Un nombre. Y por eso lo ubiqué así: Al principio.


Es cierto que en el relato había algo más. Basta con ir a leer la biografía para saber quién es, quien era, por fin, M.T.B, cual es su nombre, y las razones de Lacan al otorgarle ese primer lugar en la dedicatoria de su tesis.


Y por qué lo ocultó.


Les ahorro ir a buscarlo. A fin de cuentas, es mi trabajo. Transcribo todas las referencias que hay de M.T.B. en esa biografía:


“Interno en el hospital Sainte-Anne, Lacan vivía en un modesto departamento amueblado, feo y oscuro, situado en la planta baja de un edificio de la rue de la Pompe, a dos pasos del Bois de Boulogne. En esa época era  amante de Marie Thérèse Bergerot, una viuda austera que tenía quince años mas que él. Con ella descubrió las obras de Platón e hizo varios viajes de estudio. En Marruecos, en 1928, la llevó a visitar las tumbas de la dinastía saadiana anotando escrupulosamente el encadenamiento de las genealogías. Fue la primera manifestación de un gran deseo del Oriente que lo llevará después a Egipto y a Japón.”


Hacia 1929, Jaques-Marie se enamoró de Olesia  Sienkiewicz, segunda mujer de su amigo Pierre Drieu la Rochelle, que acababa de abandonarla para conquistar a la brillante Victoria Ocampo


…(Lacan)Oficialmente, residía en la Rue de la Pompe, pero en sus tarjetas seguía indicando la dirección de sus padres, en Boulogne. La mayor parte del tiempo dormía en el hospital, donde Olesia iba a encontrarlo, al mismo tiempo que proseguía con Marie- Thérèse una relación de la que solo su hermano estaba verdaderamente informado.


En junio de 1932, Lacan pidió a Olesia que copiara a máquina su tesis. El 7 de septiembre el trabajo de redacción estuvo terminado. Olesia concluyó entonces la mecanografía de las últimas páginas a fin de que Lacan pudiera dar el manuscrito a Le François, editor especializado en la publicación de obras médicas.

Por su lado Marie-Thérèse Bergerot aportó una importante contribución financiera a la impresión del texto.

Mencionada por sus iniciales M.T.B. como destinataria de la obra y como figura emblemática de una Bildung privada. La tesis estaba dedicada a ella en una página entera con ayuda de una cita redactada en griego: No estaría ante lo que estoy, sin su asistencia.”  

La defensa de tesis para la obtención del doctorado en medicina se desarrolló sin incidentes, durante una tarde de noviembre, en una de las salas de la facultad de medicina. Durante una hora, Lacan se burló durante una hora ante un jurado presidido por Henri Claude. Daba la espalda a un público compuesto de alrededor de ochenta personas, entre ella Olesia y Marie-Therese. No se habían conocido nunca e ignoraban cada una la presencia de la otra. Sin embargo las dos habían frecuentado a los camaradas de Sainte-Anne que se encontraban allí para escuchar la presentación del que encarnaba la vanguardia de la nueva psiquiatría. Ellos habían visto a menudo llegar a Olesia por la tarde a la sala de guardia, y le habían puesto el apodo de “Agua fresca”, por referencia a una obra de teatro de Drieu la Rochelle montada por Louis Jouvet.

En cuanto a Marie-Therese, la llamaban “la Princesa”. Nunca dormía en el hospital, pero a veces mandaba a su protegido una botella de leche fresca para las mañanas difíciles.

A fines de agosto de 1933, Lacan abandonó a Olesia en París para tomarse unas vacaciones de unos quince días con Marie-Therese. El viaje se desarrolló en tren, de Saint-Jean de Luz a Madrid, pasando por Salamanca, Burgos y Valladolid. Finalmente, en Madrid, visitó el Prado y comprobó que ya no experimentaba, ante la pintura de Velazquez, la misma emoción que antes. En cambio, Goya lo hizo llorar por su inteligencia”[2] 



Antes de entrar de lleno en el relato de un  linaje silenciado, (…nada nuevo bajo el sol, una novela familiar más, solo hay que contarla  para que se conozca) sigo con el tercero, y fundante,  de los hitos que me orientaron en éste curso…


En julio del 2011 asistí a un seminario impartido por Jean Allouch: “Muerte de Dios, emergencia del psicoanálisis”, que, según recuerdo, se desarrolló en torno a esta cuestión: las consecuencias fantasmáticas  que produjo la declaración de la muerte de Dios. Por un lado, posibilitando la emergencia del psicoanálisis, pero a su vez, con el riesgo de colocar en el lugar del Dios depuesto al Otro, completo, sin falta, el A como un fantasma de Dios.  Por ahí…

Sacar a Dios por la puerta, y que vuelva por la ventana. ¿Hay algo que pueda evitar este retorno? El vaciamiento de Dios del lugar del Otro. El Otro sexo.


Además del recorrido teórico que hizo por varios textos, escritos, seminarios, otros autores, abrió el juego a una pregunta que intentaría ubicar en qué momento del derrotero existencial de Lacan se habrá producido ese quiebre, esa encrucijada con la muerte del Dios Padre, y el encuentro con una mujer. Y cuales fueron sus consecuencias.

La ruptura de Lacan con el catolicismo, y el encuentro con una mujer.  


Como material de trabajo del seminario, repartió un documento,  que incluía una reproducción de un soneto manuscrito por Lacan, en el año 1929, titulado Panta Rhei; y otra copia del mismo poema, ésta vez publicado, en una revista de literatura, “Le phare de Neully” en 1933, con algunas modificaciones y bajo el título con el que fue conocido: Hiatus irrationalis.

Señalando que su valor estaba en que era el primer poema publicado por Lacan, y que además daba cuenta de la relación con una mujer, de un primer encuentro, o al menos, muy importante.

¿Es esta la mujer que ocupará el lugar de A? El soneto será testimonio de esa relación.  


Allouch fue desplegando algunas cuestiones en relación al soneto, además de señalar las diferencias entre el manuscrito y el publicado, citó al pasar un artículo que analizaba el poema, hasta que se detuvo en una frase, que aparece únicamente en el soneto manuscrito,  abajo al final, antes de la firma de Lacan, escrita en latín: Melancholía Tibi Bellae, y dijo que la frase, además de encerrar algún sentido para la destinataria del poema, en las mayúsculas de cada palabra de la dedicatoria, se resaltaban las iniciales del nombre de una mujer.


En cuanto leí las tres iniciales mayúsculas: M. T. B,  ví, y reconocí, las mismas que había leído por primera vez, en el 89,  en la dedicatoria de la tesis, y que no eran otras que las de Marié-Thérèse Bergerot, tal como lo había sabido, al leer en el 94 la biografía.


Impulsado por el entusiasmo al reconocer un nombre propio, tan propio como el mío,  en una de  esas  epifanías raras, que sorprenden, y hacen vacilar por un instante la identidad, casi como un alumno aplicado que se le escapa en voz alta su saber, pronuncié el nombre,  pero no con la fuerza suficiente para que Allouch lo escuchase, quien había hecho una pausa, manteniendo en  un breve suspenso la incógnita sobre la identidad de esa mujer.

Entonces, preguntó si alguien lo sabía. Creyendo que era una pregunta, es decir que él no lo sabía, me levanté del asiento, y contesté: Marie-Thérèse Bergerot.

Final del formulario


En Allouch se produjo alguna contrariedad, algo de su sonrisa irónica se modificó, y me respondió que no, que las iniciales en mayúsculas de la dedicatoria en latín del soneto eran de Marie-Thérèse Blondin.

Le aclaré que Blondin era el apellido de su esposa, con la que se había casado, y que no se llamaba Marie-Thérèse, sino Marie Louise. Ya que de ser así no correspondería su nombre con las iniciales M.T.B.

Como él mantuvo un momento la negación, e insistía en que la B mayúscula era Blondin, no se me ocurrió otro argumento, para hacer valer mi convicción, que estaba seguro que Bergerot era el apellido, ya que además, le dije, era el mío.


_¡Ah, entonces es un problema suyo, usted está obligado a equivocarse!,  dijo riéndose.


Varios nos reímos, por la ocurrencia de solucionar una contradicción mediante un salto lógico, bien lacaniana: el nombre del Padre siempre es un fallo, como cada uno porta el suyo, y  en éste caso era el mío, un troesma francés, gardelianamente lo blandía contra mí, entonces me volví a sentar y mejor violín en bolsa.


Pero nada de con la música a otra parte…Tenía la certeza de que el nombre velado en esas iniciales de la frase al pié del soneto, era el de Marie-Thérèse Bergerot. Lo sabía, era una verdad que acababa de descubrir, ya que era la tercera vez que me encontraba con esas iniciales, y había conseguido conocer  su nombre, pero Allouch lo negaba, y él era quien había aportado el poema, y su análisis en curso…

También tuve claro que era un simple equivoco, un traspié de su memoria, confundir un apellido por otro, nada grave. Pero.

Era mi verdad, tanto como mi problema. ¿Cómo demostrarla?  ¿A quién, además de mi mismo, le interesaba?

Dejando de lado toda referencia personal, podría haber argumentado siguiendo  la misma lógica que Allouch intentaba desarrollar en su seminario, y demostrar así que el equivoco, confirmaba su teoría. De que otro modo, si no?


[1] De la psicosis paranoica y sus relaciones con la personalidad: J. Lacan; Siglo XXI Editores; 3ª edición.1984


[2] Lacan. Esbozo de una vida, historia de un sistema de pensamiento, E. Roudinesco. F.C.E. 1994.

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