lunes, 5 de marzo de 2012

Cantinflas- Wittgenstein-Lacan, una trilogía infernal por Alberto Sladogna, psicoanalista, @sladogna


Vendedor: Traigo estos calcetines 100% de seda
Cantinflas: Yo traigo de lana.
Vendedor: ¿De lana inglesa?
Cantinflas: ¡No!, de lana turalesa, no traigo calcetines.
(Cantinflas, El portero, 1949)

El sentido del mundo debe quedar fuera del mundo.
En el mundo todo es como es y sucede como sucede:
en él no hay ningún valor, y si lo hubiera no tendría ningún valor.
(Ludwig Wittgenstein)

La verdad de la pendejada no existe sin plantear
la cuestión de la pendejada de la verdad
(Lacan, 1968)

La vida cotidiana está plena de llamados a vivir en paz y armonía quizás esa trampa requiere un pasaje por el infierno para salir de ella y quedar fascinados por sus atractivos. El infierno del lenguaje compartido con el amor, ofrece esos horizontes. El lenguaje compartido es conocido como lenguaje vulgar, del vulgo, en efecto es un lenguaje hablado por cada pueblo. 

Cantinflas fue un actor de la carpa hasta 1930, dio lugar a un hecho insólito: en pleno régimen del caudillo de la revolución mexicana procedió a efectuar por vía de la sátira, la ironía, una dura crítica al régimen y a la vida cotidiana. Su impacto en el cine transcendió las fronteras del “nacionalismo” de los caudillos, sus películas recorrieron de Norte a Sur y de Este a Oeste América Latina. No son pocos que lo recuerdan como el “Charles Chaplin de México”, Cantinflas compartía la crítica que efectuó Chaplin. Cantinflas realizo un acto: recreó e inventó esa comicidad en términos de la lengua castellana,  no sólo siguió un estilo, realizó un paso más, lo invento en nuestra lengua compartida: el cotorreo, el chamuyo. Esa operación fue ejecutada por Jacques Lacan en el psicoanálisis: lo inventó en su lengua y gracias a ella.

Eduardo Zeind Palafox escribió en su blog Cantinflas y Ludwig Wittgenstein (Cfr.: http://xurl.es/blisg ) un texto que constituye un apoyo firme para situar ambos autores en el infierno del lenguaje. ¡Qué extraño! uno –Cantinflas- es un comediante popular, nutrido del humor de las llamadas clases subalternas, el otro –Wittgenstein- un filósofo vienes de larga tradición contestaría e implacable con las herramientas del lenguaje ¿Cómo se anudan? Conviene recorrer ese nudo.

Palafox abre el juego con una constatación: No sé si alguien ha notado las similitudes que hay entre el actor mexicano y Ludwig Wittgenstein. Para las inteligencias populares, Wittgenstein cantinflea. Para las mentes “poderosas”, Cantinflas juega con el lenguaje. En efecto, Cantinflas juega con el lenguaje, ni más allá, ni más acá. Cuando habla se escuchan onomatopeyas, gemidos, circunloquios, perífrasis, paráfrasis, galimatías y uno que otro hipérbaton. Cantinflas en sus frases incluye no sólo la voz, incorpora el gesto, el ademán y juega haciendo aparecer la sonrisa: El receptor, confundido y manipulado por el ego o por el temor de parecer torpe, casi siempre acepta los argumentos del cómico.

Cantinflas forja exposiciones como la siguiente: Tenemos que saber quién fue para dejar de pensar que los que no fueron, fueron, y así llegar a saber que el que fue, sí fue. El cómico ironiza las profundidades que están al servicio de no mostrar lo evidente de la superficie; las profundidades son materia de interpretación y generan un manto de paranoia en la vida compartida. Ese manto cubre desde el amor, la erótica hasta las actividades de funcionarios y de los políticos. Palafox sostiene En esta aparente locura, yace el principio de identidad. A su vez Wittgenstein tejió frases de esta cepa: No es lo mismo saber que ése es el mismo color que vi ayer que llegar a saber que ése es el color de ayer.

Si hoy observamos el color rojo de un automóvil y mañana observamos el color rojo de un charco de sangre, nos estamos exponiendo a una confusión. La palabra "rojo" es un concepto, en tanto que el color rojo del automóvil, es un objeto.

Lacan escuchaba el cantinfleo de un residente en el hospital quien al ver pasar un automóvil de color rojo: Hablando del auto rojo, buscaba mostrarles el alcance que puede adquirir el color rojo, según lo consideremos en su valor perceptivo, en su valor imaginario y en su valor simbólico (Hospital de Saint-Anne, Paris, 23/11/1955) Lacan extrajó de eso una enseñanza sin sentido: la subjetividad es un efecto del orden real. El puro sinsentido de Cantinflas hace reír pues toca un real de quienes ven sus filmes.

Los tres hablan hablan con in-coherencia o coherencia-interna, en ese punto muestran lo endeble de la identidad. El juego del lenguaje –eso era el lenguaje para Wittgenstein- muestra que al dislocarse las articulaciones de las frases, las palabras cambian de identidad, de sentido, hacen aparecer otro u otros sentidos.

Al decir una frase fusionamos juicios, conceptos y objetos, estamos creando conocimiento. Palafox extrae una consecuencia: Lo que Cantinflas y Wittgenstein hacían, era destruir los conceptos y los objetos con los que pensamos, y todo para quedarse con el puro juicio, centro de gravedad de toda práctica científica o política. Alejarse de los “conceptos” y de los “objetos” como dato natural fue una práctica extensa en Jacques Lacan.

Si sospechamos de un supuesto criminal y sólo afirmamos que podría ser "culpable" o "inocente", estamos recargando nuestra proposición sobre ciertos conceptos legales o sobre el concepto de la palabra "hombre", pero no sobre un "hombre concreto", como dirían los izquierdistas. Al final, la persona acusada será una u otra cosa, pero no otra. Empiezo, como los filósofos, como psicoanalista, comienzo a cantinflear.

Cantinflas con Wittgenstein demostraron que a través del nudo sintáctico, podemos desanudar los nudos gramáticos. La idea es sencilla, y por tal, no-visible. Invisible es algo que no se puede ver, la ciencia ya avanzó y mucho en ese sentido, mientras lo no-visible es algo que puede llegar a ser visto ¿Usted acepta correr ese riesgo?  Wittgenstein decía que la simplicidad nos aterra, y Cantinflas, con sus soluciones poco burocráticas, desequilibraba nuestro sistema político.

¿Qué relacion guarda deshacer el nudo gramático con el poder político?

Se localiza una respuesta gracias a una situación vivida por Antonio de Lebrija, autor de la primera Gramática castellana. El gramático  presentó su obra a la reina a Isabel de Castilla, la Católica, en esos momentos Cristóbal Colón estaba cruzando el océano Atlántico, casi dos meses más tarde, descubría el Nuevo Mundo. La reina hizo la clásica pregunta de los políticos: ¿Para qué sirve eso? Si ya habló la lengua castellana La respuesta fue:
[relato de Nebrija] El obispo de Avila  arrebató la respuesta y  respondiendo por mi dijo que: Después que vuestra Alteza metiese bajo su yugo [a] muchos pueblos bárbaros y naciones de peregrinas lenguas,  con el vencimiento aquellos tenían necesidad de recibir las leyes que el vencedor pone al vencido, con ellas nuestra lengua, entonces, por este libro, podrían adquirir  el conocimiento de ella, como ahora nosotros dependemos del arte de la Gramática Latina para depender del latín.

Si, la gramática es un instrumento del poder mediante la cual, la normalidad conquista y coloniza las almas.

El lenguaje de Cantinflas rompe con esa conquista espiritual de la gramática. Cuando usamos la tautología, el cerebro se ve obligado a redimensionar su comprensión. Cuando la gente “sin educación” dice suyo de él, no está blasfemando contra Menéndez y Pelayo. En esta oración se aclaran aspectos espaciales y temporales. Cuando decimos que "eso es suyo", sólo señalamos la propiedad momentánea de un objeto.

"Esto es suyo", decimos cuando le advertimos a alguien que se le ha caído la cartera. Ignoramos si la cartera es robada. Pero si dijéramos "esto es suyo de usted", sería sabiendo que la persona a la que se le cayó la cartera, compró su cartera con dinero legal y suyo (porque el dinero puede ser bueno, pero no suyo, digo, de él, del que hablamos).

Coincido con Palafox no se trata de proponer una nueva normalidad para que hablemos de este modo, pero propongo que estas aberraciones gramaticales y sintácticas, sean estudiadas con seriedad pues en ellas yacen códigos culturales.

¿Cuáles mensajes y códigos culturales?

En los filmes de Cantinflas, se enseñan tres cosas: dignidad laboral (economía), desobediencia jurídica (derecho) y jocosidad universal (sensibilidad artística). El diccionario de la Real Academia Española –RAE- ha calificado al cantinflear como un actuar o hablar disparatadamente, entonces con esa calificación –de orden psicopatológico que tanto gusta a derechas e izquierdas- resulta que las enseñanzas éticas y lógicas del cómico serían supercherías y argucias inútiles.

Cantinflas en sus filmes hizo varias cosas: a.- en una  prevarica contra un gerente porque éste le ordena con despotismo. Cantinflas le responde que él no es el gato de nadie; b.-en otra escena, refunfuña por el salario que le ofrecen. Sus jefes le explican que la ley dicta tan paupérrimas tarifas, Cantinflas rezonga argumentando que él que hizo la Ley, no había consultado sus necesidades (de él).

La respuesta es muy certera pues si en América Latina hay algo muy cantinfleado son las leyes. Ese punto de las letras pequeñas, a pie de página, los pequeños giros inentendibles son un cruce en que de nuevo  veamos cotorreando y chamuyando sobre ellos a tres alegres compadres: Cantinflas, Wittgenstein y Lacan

Si leer es oírse, es hablarse y verse a sí mismo como siendo otro, eso implica que leer la escena del amor, de la erótica y de la política del espectáculo es leer algo que a cada quien concierne, se trata del plus de gozar, el obtener más disfrute de la lengua.

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