jueves, 28 de agosto de 2014

Ricardo Rodríguez Ponte: una despedida


Una triste noticia: el fallecimiento de Ricardo Rodríguez Ponte,psicoanalista, un amigo, un cálido y fraternal amigo, las lágrimas corren por mis ojos al ver aparecer su imagen de alguien tan abierto, tan gentil y tan dedicado a compartir sin exclusiones su actividad: la construcción de los seminarios de Lacan en castellano. Estés donde estés ahí nos veremos mientras te tomas tu tiempo para seguir construyendo versiones de los seminarios orales de Lacan. Un abrazo muy fuerte. La ceremonia fúnebre se realizará el día de mañana viernes 29 de agosto del 2014 en Dorrego 626, CABA. Argentina

martes, 26 de agosto de 2014

La máquina de la plusvalía jurídica




Plusvalía jurídica, por Horacio González *

La maquinaria reproductora del capitalismo no existe sin un nuevo estilo de actuación performativa. La expresión “performativo” proviene, entre otras interpretaciones posibles, de la lingüística de las décadas pasadas, concepto posiblemente resumible en la fórmula del gran lingüista inglés John Austin, “hacer cosas con palabras”. Así decía Austin, quizá no calculando enteramente los alcances de estos dichos. Se trata ahora de producir valor a través de enunciados categorizados o fijados por el lenguaje jurídico: la plusvalía jurídica. Palabras encerradas en axiomas duros, golpes de martillo de ciertos jueces y simbolismos compulsivos que juegan y complementan el tiempo de las finanzas más abstractas. Estas son tiempo condensado, el “futuro” como una medida del tiempo; el tiempo como una forma esencial de la acumulación, el tiempo como lenguaje que obliga a aplazamientos que generan más tiempo, cumpliéndose así el dictamen de uno de los fundadores de la religiosidad amonedada del capitalismo, “the time is money”, pero ya en una escala semiológica, no del ingenuo realismo naturalista que le era contemporáneo a la tan estudiada ética protestante.

lunes, 25 de agosto de 2014

Canon musical, una banda de moebius


Aquí tenemos música para los ojos, los oídos que llegan al espíritu. Rebeca González R., hizo este hallazgo y aquí lo comparte con ustedes.
                                 
                           

sábado, 23 de agosto de 2014

Máquina corporal: Corte y construcción , ciencia fricción


CORTE Y CONSTRUCCION, Ciencia y fricción,  por Lohana Berkins

La modelo bosnia Andreja Pejic estuvo en boca de muchxs. La forma en la que su cirugía genital fue noticia es una oportunidad para pensar dónde están los límites entre los alcances del propio deseo y la producción en serie por parte de la industria de la cirugía.

En enero de 2011 Pejic modeló en París, tanto en la pasarela masculina como en la femenina, entró en la lista de los top 50 modelos masculinos más destacados y en la revista FHM como una de las mujeres más sexies del mundo. Jean-Paul Gautier la había lanzado al mundo, que festejaba o criticaba su androginia. Este mes expresó su decisión de cambiar su nombre y de manifestar su identidad femenina. En la prensa del mundo aparece la noticia narrada –comas más, comas menos– con estas palabras: “A pesar de que parecía una mujer no lo fue 100 % hasta que tomó la decisión de someterse a la operación de cambio de sexo, algo que quería hacer desde hace tiempo”. Cada vez que hablamos de lo que se llama “adecuación genital” de personas travestis o trans, dos vías para encararla se dibujan. Por un lado, la de la poliformía del deseo, es decir, del anhelo de tener un cuerpo según la autopercepción, la construcción de la identidad como derecho personalísimo, que, por supuesto, nosotras siempre hemos defendido. En la Ley de Identidad de Género ha quedado clara nuestra posición. Allí se le ha quitado a la construcción de la identidad todo aspecto patologizante, se incluyan cirugías o no. La segunda cuestión es preguntarse si estandarizar nuestros cuerpos en función de encajar en la binariedad hombre/mujer es realmente un deseo propio o una necesidad impuesta por las disciplinas médicas. ¿Dónde se centra la matriz de este tipo de operaciones? Cuando se habla de “cuerpo equivocado”, ¿quién establece lo que es el cuerpo correcto, la normalidad, la certeza? ¿Hasta dónde puedo y quiero acercarme a esa centralidad? ¿Quién delimita las fronteras del cuerpo de las mujeres y de lo femenino? A las travestis, además, se nos exige no sólo los atributos considerados como lo femenino, sino que esa corporalidad quede bien establecida. Si vamos a tener pecho, tiene que ser bien abundante. Del mismo modo, tantos fallos judiciales nos han marcado con la frase “piensa como mujer”. ¿Y cómo piensan las mujeres? Allí la operación es sacar la construcción social de lo que se cree que es ser una mujer y anclarlo en una cuestión biologicista. Sólo haciéndonos estas preguntas podemos empezar a confrontar con lo que la medicina considera verdad absoluta y tensionar con nuestros cuerpos esas teorías. No queremos ser enconsertadas en esos patrones. El capitalismo nos ha arrastrado a un estado tan perverso: si se observan los cuerpos de las chicas de la TV, parecen avatars. No sólo la técnica nos vende la posibilidad de parecer una Barbie sino incluso de superarla. No lo digo como juicio de valor contra las mujeres y las travestis que toman esas decisiones sino como un juicio contra la industria y la técnica que han superado los límites de la expresividad y de la humanidad. El punto es cómo se van perdiendo los límites entre la poliformía del deseo y la industria de la cirugía. Tener un cuerpo que coincida con los deseos y la autopercepción es una cosa; modificar alguna parte de mi cuerpo de manera violenta para encajar en el binomio es otra. Creo que muchas de nosotras no hubiéramos modificado nuestros cuerpos –tan ilegal e impulsivamente– si nos hubiésemos hecho antes estas preguntas. El cuerpo no sólo tiene una estética sino una funcionalidad y capacidad de goce. La otra gran pregunta que me hago sobre este tema, con la que vuelvo a Andreja Pejic para cerrar: ¿por qué estamos todos hablando de un hecho que sólo atañe a ella? Debatimos, escribimos y la privacidad de la sexualidad termina siendo pública. Otra vez se nos niega la posibilidad de construir un espacio propio, las decisiones sobre nuestras sexualidades e identidades deben construirse en lugares públicos. Otra vez colonizadas y obligadas a responder al eje androcentrista que todo el tiempo obliga a mostrar qué sos y qué te hacés. Y a normalizarte para no ser, como se diría en mi Salta, “ni chicha ni limonada”. A lo que respondo: yo mezclo la chicha con la limonada y me da un sabor exquisito.


viernes, 22 de agosto de 2014

Lacan "robó"la sensibilidad a las mujeres


Al leer los seminarios de Lacan desde el último hacia el primero, aquí y allá aparecen los diagramas de nudos borromeos. Esos nudos están en las diversas culturas, se les llama en mucho tejido o arte de la cestería, lo practican las sensibles mujeres sensibles ¿Lacan las "robo" la topología del nudo a las mujeres? ¿A qué se debe que está siendo aplastada la sensibilidad de las mujeres?

             

sábado, 16 de agosto de 2014

Anónima. Una mujer en Berlín


En la revista Artefactos,5, una revista de la elp, se publicó un texto de un antropólogo anarquista, así se define él, Alexandre Soucaille: Una mujer en Berlín. el conocimiento y la superviviencia. Ustedes pueden hojear su texto aquí en este blog donde se ha subido fragmentos de los artículos de artefactos,5, incluido el texto de Soucaille.

El artículo de Soucaille extrae consecuencias del libro que dio lugar a la película. El librofue llevado al cine en la película alemana del 2008  "Anónima. Una mujer en Berlín". el filme muestra como la Segunda guerra mundial al destruir vídas lo hacia al mismo tiempo que destruía las formas humanas de varias prácticas, entre ellas el amor, la erótica, el cuerpo, las formas de ser mujer y de ser hombre. Además, indica como la erótica en el cuerpo de  algunas mujeres es un acto de amor para resistir y hacer frente en las peores condiciones a la barbarie civilizada que se instaló en nuestras vidas al fin de la segunda guerra mundial. La película se la puede  ver subtitulada e íntegra en youtube, mientras tanto aquí les dejo su trailer.

           

jueves, 14 de agosto de 2014

Walter Benjamin, El poderío del camino* por Walter Benajmin


(Texto escrito por Walter Benjamin , en 1920, leerlo hoy le da más actualidad)
El que ama no sólo siente apego por los errores de la amada, por los tics y las debilidades de una mujer: las arrugas en el rostro y los lunares, los vestidos gastados y un andar torcido lo unen a ella de manera mucho más duradera e inflexible que cualquier belleza. Hace tiempo que se sabe esto. ¿Y por qué? Si es verdad la teoría que dice que la sensación no anida en la cabeza, que nosotros no sentimos una ventana, una nube o un árbol en el cerebro, sino más bien en el lugar en el que los vemos, entonces también al mirar a la amada estamos fuera de nosotros mismos. Pero atormentadamente tensos y hechizados, en este caso. Encandilada, la sensación revolotea como una bandada de pájaros en el brillo de la mujer. Y así como los pájaros buscan resguardo en los frondosos escondites del árbol, las sensaciones huyen hacia las arrugas sombrías, los gestos desgarbados y las máculas imperceptibles del cuerpo amado, donde se agazapan protegidas en la guarida. Y ninguno que pase por delante adivinará que precisamente aquí, en lo deficiente, en lo reprochable, anida el flechazo de la exaltación amorosa del admirador.

Amor y viaje

En un amor, la mayoría busca una patria eterna. Otros, muy pocos, el viaje eterno. Estos últimos son melancólicos, que deben rehuir el contacto con la madre tierra. Buscan a quien mantenga alejada de ellos la melancolía de la patria. A ése le son fieles.

Sombra de la amada

Se está junto a una mujer que uno ama, se habla con ella. Luego, semanas o meses más tarde, ya separado de ella, se acuerda uno de qué trataba aquella conversación. Y ahí está ahora el tema, banal, estridente, poco profundo, y uno reconoce: sólo ella, que por amor se inclinó profundamente sobre el tema, le otorgó sombra y lo protegió de nosotros, de modo que el pensamiento pudiera vivir en todos los pliegues y en todos los rincones, como un relieve. Cuando estamos solos, ahora, yace llano, sin consuelo ni sombra, a la luz de nuestro conocimiento.

“Apto para niños”

Es tonto cavilar pedantemente sobre la fabricación de objetos (material visual, juguetes o libros) que sean aptos para niños. Desde la Ilustración, ésta es una de las especulaciones más enmohecidas de los pedagogos. Su afición por la psicología les impide advertir que la tierra está llena de los más incomparables objetos de atención y uso para chicos. Y de los más determinados. Pues los niños se inclinan especialmente por visitar cualquier lugar de trabajo en donde sea visible el accionar sobre las cosas. Sienten una atracción irresistible por los desechos que generan la construcción, el trabajo en el jardín o en la casa, la costura y la carpintería. En estos productos residuales reconocen el rostro que el mundo de los objetos les muestra a ellos y sólo a ellos. Con estos desechos, en el juego, no reproducen las obras de los adultos, sino que ponen en nueva e inesperada relación materiales heterogéneos. De este modo los niños construyen por sí mismos su mundo objetual, uno pequeño dentro del grande. Habría que tener presentes las normas de este pequeño mundo cuando se quiera hacer algo deliberadamente para niños.

De joven

Como quien hace en la barra fija una gran voltereta, de joven uno mismo hace rodar la rueda de la fortuna, en la que tarde o temprano sale el gran premio. Pues sólo aquello que ya sabíamos o hacíamos a los quince años constituye algún día nuestro atractivo. Y por eso hay algo que nunca se puede reparar: no haberse escapado de los padres. De las cuarenta y ocho horas de quedar a la deriva durante esos años confluye, como en una solución cáustica, el cristal de la felicidad de la vida.

Follaje

¿Qué es lo que en la vida se soluciona? Las preguntas de la vida vivida, ¿no permanecen, atrás, como un follaje que nos impidió la visión? Casi ni se nos ocurre talarlo, ni siquiera clarearlo. Seguimos avanzando, lo dejamos a nuestras espaldas y, si bien desde lejos se lo puede abarcar, queda confuso, vago y tanto más enigmáticamente embrollado.

Asco

La sensación dominante en el asco a los animales es el miedo a que nos reconozcan cuando los tocamos. Lo que se espanta en lo profundo del hombre es la oscura conciencia de que en él vive algo tan poco ajeno para el animal asqueroso que éste podría reconocerlo. Todo asco es originalmente asco al contacto. A esta sensación el dominio sólo logra pasarla por alto con gesto esporádico y desbordante: abrazará fuerte lo asqueroso, lo comerá, mientras que la zona del más leve roce epidérmico sigue siendo tabú. Sólo así puede satisfacerse la paradoja de la exigencia moral que demanda de las personas la superación y al mismo tiempo el cultivo más sutil de la sensación de asco. No tiene permitido negar su parentesco bestial con la criatura a cuya llamada responde con asco: debe convertirse en su amo.

Poderío

La fuerza de una carretera es distinta si uno anda por ella o la sobrevuela con un aeroplano. También la fuerza de un texto es diferente si se lo lee o se lo copia. El que vuela sólo ve cómo la carretera atraviesa el paisaje, la ve rodar según las mismas leyes que el terreno que está alrededor. Sólo el que anda por la ruta experimenta su poderío y cómo, de ese terreno que para el que vuela no es más que una planicie desenrollada, la carretera, con cada una de sus curvas, ordena salir lejanías, miradores, claros y perspectivas, como el llamado del comandante a los soldados que están en el frente. De la misma manera, sólo el texto copiado comanda el alma de quien se ocupa de él, mientras que el mero lector nunca conoce las nuevas vistas de su ser interior, tal como las abre el texto, esa ruta que atraviesa un bosque interno que vuelve una y otra vez a cerrarse sobre ella: porque el lector, en la zona aérea libre de la ensoñación, obedece al movimiento de su propio yo, mientras que el copista deja que lo comanden. Por eso es que la práctica china de reproducir libros era una garantía incomparable de cultura literaria, y la copia una llave a los enigmas de China.

Lucha de clases

La idea de la lucha de clases puede ser engañosa. No se trata de una prueba de fuerzas en la que se decide quién gana y quién pierde, un combate tras cuyo desenlace al victorioso le irá bien y al derrotado le irá mal. Pensar así significa disimular románticamente los hechos. Pues la burguesía puede ganar o perder en la lucha, pero permanece condenada a la extinción por sus contradicciones intrínsecas, que resultarán fatales en el transcurso de su desarrollo. La pregunta es sólo si se derrumbará por sí sola o por medio del proletariado. La respuesta decidirá la permanencia o el fin de un desarrollo cultural de tres mil años. Y si la abolición de la burguesía no se lleva a cabo hasta dentro de un lapso casi calculable del desarrollo económico y técnico, todo está perdido.

La ironía

Para los alemanes se ha perdido el más europeo de todos los bienes: esa ironía más o menos explícita con que la vida del individuo reclama desenvolverse de manera distinta de la existencia de la comunidad en la que ha ido a parar.

El burgués

Del tesoro de frases hechas en las que a diario se revela el estilo de vida del burgués alemán, esa fusión de estupidez y cobardía, resulta especialmente memorable la de la catástrofe inminente, según la cual “esto no puede seguir así”. La torpe fijación a conceptos de posesión de décadas anteriores le impide al hombre promedio percibir las estabilidades de tipo completamente novedoso que subyacen la situación actual. Puesto que se vio beneficiado por la relativa estabilidad de los años previos a la guerra, cree necesario considerar inestable cualquier situación que le signifique un desposeimiento. Pero las condiciones estables no necesitan ser condiciones agradables, y ya antes de la guerra había capas para las que las condiciones de estabilidad eran una estable miseria. La decadencia no es para nada menos estable ni menos sorprendente que el auge.

Amanecer

Quien contempla la salida del sol despierto y vestido, por ejemplo durante una caminata, conserva durante el día, ante todos los demás, la soberanía del que lleva una corona invisible; y a quien el amanecer lo toma trabajando le parece, al mediodía, como si él mismo se hubiese puesto la corona.

El pasado

Sólo quien supiera observar su propio pasado como un engendro de la obligación y la necesidad estaría capacitado para hacerlo valer al máximo en cada presente. Pues lo que uno ha vivido es comparable, en el mejor de los casos, a la bella estatua a la que le quebraron todos los miembros en los transportes y que ahora no ofrece más que el valioso bloque a partir del cual se ha de esculpir la imagen de su futuro.

Dos muchachas

Estaba sentado por la noche en un banco, con fuertes dolores. En un banco de enfrente se sentaron dos muchachas. Parecían querer hablar en confianza y empezaron a susurrar. En las cercanías no había nadie más que yo, que no hubiera entendido su italiano por muy alto que lo hablaran. Ante este susurrar injustificado en un idioma para mí inaccesible, no pude reprimir la sensación de que se posaba sobre el sitio dolorido un refrescante vendaje.

Cósmica

Nada diferencia tanto al hombre antiguo del moderno como su entrega a una experiencia cósmica que el último casi no conoce. La caída de esta experiencia se anuncia ya en el florecimiento de la astronomía a principios de la edad moderna. La relación de los antiguos con el cosmos se desarrollaba de manera distinta: en el éxtasis. A fin de cuentas, el éxtasis es la experiencia en la que nos aseguramos lo más cercano y lo más lejano, y nunca lo uno sin lo otro. Sólo en comunidad puede el hombre comunicarse de manera extática con el cosmos. El error del hombre moderno está en tomar esta experiencia como algo intrascendente y dejarla a discreción del individuo como desvarío en bellas noches estrelladas.

Dominio

El dominio de la naturaleza, así enseñan los imperialistas, es el sentido de toda técnica. Pero, ¿quién podría tenerle confianza a un maestro golpeador, que declarara que el sentido de la educación es el dominio de los niños por parte de los adultos? ¿No es la educación ante todo el ordenamiento insoslayable de las relaciones entre las generaciones y por ende, si se quiere hablar de dominio, el dominio de las relaciones generacionales y no de los niños? Y así también la técnica no es dominio de la naturaleza, sino dominio de la relación entre naturaleza y humanidad.

La verdad

No hay nada más pobre que una verdad expresada tal como fue concebida. En esos casos, ponerla por escrito no llega a ser siquiera una mala fotografía. Además, la verdad se niega (como un niño o una mujer que no nos quieren) a mirar quieta, recta y cordial hacia la lente de la escritura. Lo que quiere es ser espantada de manera súbita, como con un golpe, ya sea que la asuste un tumulto, o música, o gritos pidiendo ayuda.

*Fragmentos de Calle de mano única, recientemente publicado en castellano por El Cuenco de Plata-