martes, 9 de febrero de 2016

FREUD ANTE EL PARRICIDIO: UN SUEÑO DOCTRINARIO, @sladogna


FREUD ANTE EL PARRICIDIO: UN SUEÑO DOCTRINARIO

Alberto Sladogna

El Edipo sin embargo no podría conservar indefinidamente el estrellato en unas formas de sociedad donde se pierde cada vez más el sentido de la tragedia.
Jacques Lacan, Escritos.

Tomemos la irrupción lenta y desordenada de esa realidad sin padre y sin bordes, tomemos lo que sucede a la era cristiana y que todavía no tiene nombre propio, ni siguiera fecha de aparición claramente asignable. Recordemos que el “Dios ha muerto” de Nietzsche que para la filosofía, firma esta aparición, se presenta primero como una constatación, como el enunciado de un hecho dado. Nietzsche no dice siquiera que algo se rompe, dice más radicalmente que algo se rompió.
Jean Christopher Bailly[1]


El texto de S. Freud: Dostojewski und die Vatertötung [traducido al castellano como Dostoievski y el parricidio] articula el parricidio primordial con el complejo de Edipo frente a los enigmas que a él le planteaba la “personalidad” del escritor ruso Fiodor Dostoievski. Las proposiciones clínico-doctrinarias de Freud están desplegadas a propósito de la novela Los hermanos Karamazov. Esa articulación y sus avatares son el objeto de investigación en este estudio.
Sigmund Freud en La interpretación de los sueños propone que el análisis de un sueño puede coincidir con el despliegue de una cura desde el inicio hasta su final. Es una proposición de método verificable en la cura analítica. Un sueño es uno de los lugares donde el efecto de un análisis, la subjetivación, se realiza, con la consecuencia de constituir un sujeto singular y la correlativa invención de un saber nuevo. Con esta proposición de método abordaremos un elemento doctrinario al que Freud le otorgó el lugar de núcleo organizador: el parricidio primordial en una de las versiones del complejo de Edipo[2].

J. Lacan estudió la temática edípica y aisló en la tragedia escrita por Sófocles, Edipo Rey, “un elemento de verdad ubicado entre el asesinato por Edipo contra Layo, su padre, y el goce de su madre, Yocasta. Eso le permite manifestar”:

Lo que está claro es que, simplemente al ver como Freud articula ese mito fundamental, es verdaderamente abusivo poner bajo la misma relación a Edipo [que a Moisés]. ¿Qué es lo que Moisés, conocedor del nombre de Dios, es el caso decirlo, “tiene que ver con Edipo y el padre de la horda primitiva”?

Para dar respuesta a esa pregunta indica que:

Allí debe haber algo respecto del contenido manifiesto y del contenido latente, que para decir todo y para concluir hoy, les diré que lo que nos proponemos, es el análisis del ‘complejo de Edipo’, como siendo un sueño de Freud (11/03/1970).

domingo, 7 de febrero de 2016

Neil Harbisson cyborg, escucha los colores

 Neil Harbisson es un cyborg reconocido en el año 2004 como tal, se trata de un cambio de cuerpo,  cambio la forma y las cualidades del cuerpo ¿Cómo se artícula esa cuestión con el análisis de Freud y de Lacan?

La película La chica danesa (The Danish Girl basada en el libro: The Danish Girl de David Ebershoff) muestra una cuestión del cuerpo cercana al movimiento que Freud sostenía en Viena. En 1931, Einar se somete a una polémica operación para cambiarse de sexo y convertirse en mujer. Lili Elbe se desprendió del disfraz de Einar, el pintor. Su Revista de Sexología (Zeitschrift für Sexualwissenschaft), allí había colaboraciones de  Sigmund Freud quien a su vez en Los tres ensayos de teoría sexual” –una teoría sexualizada- en su primera página cita esa publicación y menciona a Hirschfeld como uno de los apoyos que evitaría que la censura no cayera sobre los ensayos sexuales. El cirujano fue Magnus Hirschfeld (1868 – 1935) médico, sexólogo judío alemán,  defensor del derecho al aborto y activista defensor de los derechos de los homosexuales.

Neil Harbisson fue reconocido por el gobierno británico (2004) como Cyborg al otorgarle un pasaporte en el que aparece con su prótesis: Una antena conectada a un chip en su cerebro le permite superar una discapacidad de nacimiento (podía ver en blanco y negro), a partir del implante: puede escuchar los colores. La prótesis ya no opera como la sustitución de otra cosa, le brinda una ampliación de posibilidades de vida o de vidas. No es una metáfora. Este ciudadano vive una de las condiciones del concepto cyborg presentado por Donna Haraway. Este caso abre el camino para cambiar la forma de la humanidad, en uno de sus puntos y dar lugar al cyborg. 


                       

Capitalismo ¿gore? Sayak Valencia

Aquí Sayak Valencia quien hace una práctica queer extensa en lengua castellana y en zonas de intersección de las subjetividades: a veces se ubica como una feminista transgénero, el tema de la droga, su capitalización, el papel de héroe macho de los capos del narco. Ella crea e inventa en la zona teórica queer del castellano, entonces por consiguiente, Sayak Valencia se revela como analista (AS)

          

El cuerpo periférico, Sayak Valencia, capitalismo gore




Sayak Valencia instalada en su Tijuana natal luego de varios años de transitar entre México y Madrid, hoy es investigadora titular y coordina la maestría y el doctorado de Estudios Culturales en el Colegio de la Frontera Norte (COLEF). También es autora de “Capitalismo gore”, entre otras publicaciones más, libro en el que reflexiona sobre la violencia extrema (incluida la crueldad) que se usa casi cotidianamente en ciertas ciudades para conseguir ganancias económicas. Usa el término “gore” en el sentido cinematográfico de generar escenas sangrientas y lo emplea para retratar la época en la que estamos viviendo desde la mirada “sudaca”, fronteriza, mestiza. Desde ese lugar también opina sobre el “fenómeno El Chapo Guzmán” y sitúa el relato mediático que se hace hoy de uno de los mayores narcotraficantes de la historia, sino el mayor. Sayak Valencia se define como transfeminista y en ese término (a ella, que le gusta jugar con las palabras hasta hacerlas de goma y volverlas a nombrar) engloba una visión del feminismo en su versión más queer, una identificación con la poesía y un trabajo como pensadora y filósofa que incluye acciones sobre su propio cuerpo y performances que ponen en cuestión el binarismo de los géneros. Dildos, barba, bigotes y tuaregs son usados para experimentar y renovar el sentido de ese sujeto que domina el espacio público y se adueña de él sin pedir permiso pero también para repensar las masculinidades y señalar otros cuerpos e identidades que se sirven de esos atributos de poder y autonomía. En las fronteras de la lengua y a caballo de una militancia del propio cuerpo, Valencia dice ser un sujeto interseccional donde las flechas que se cruzan son tantas como sus líneas de acción, reportaje de Mariana Winocur (Pagina 12, 6/02/2015)

                                 


“No sé qué soy. Estoy en lugares y situaciones, no me identifico con la idea de identidad. ¿Ser idéntico a qué? La identidad es una definición política de la cual no me interesa participar. Me gusta más la idea de identificación con algo, como una decisión consciente. Me identifico como sujeto interseccional, como un cuerpo biológicamente sexuado como femenino, como una mujer, porque para mí es una posición política y soy feminista. Con hacer filosofía, hacer poesía, política, escritura, performance, con estar en tránsito. Las etiquetas las ponen los demás y en ese sentido yo elijo mis etiquetas: soy una filósofa transfeminista. Entiendo el transfeminismo como feminismo interseccionalizado no sólo a favor de la lucha de las mujeres sino horizontalizado hacia el reconocimiento de otros cuerpos, otras sexualidades, otros colores, otras capacidades corporales y otras identificaciones sexuales”. Si con la definición de sí misma Sayak Valencia ya provoca, también lo hace cuando se calza un vestido sensual, barba y bigote y sale por las calles, cuando usa un tuareg en el Marruecos machista o entra a un bar de España con arnés portando un pene y la dueña se niega a servirle una cerveza. Ella es un espejo ante los prejuicios sociales y propios. Un espejo ante las cárceles mentales. Y un camino hacia la liberación, hacia un lugar donde nadie se siente solx, únicx, rarx. Una manera de decir “aquí hay lugar para todas y todos, cualquiera sea el color que tengan, cualquiera la música que elijan, cualquiera sea sus opciones estéticas y sexuales”.



La historia de Sayak bien puede explicar su elección por los estudios culturales, el género, el transfeminismo. Esa historia tiene directa relación con dos pasiones, entre las tantas que tiene, que la hacen particular: crear palabras/expresiones y hacer performances artísticas. La clave podría estar en la manera en que, de muy niña, ocurrió la “magia” de haber empezado a leer y la traumática experiencia de un corte de pelo bien corto.

Palabras para nombrar y pensar

“Siempre estoy pensando en hacer política con las palabras. Una cosa que hemos heredado de la perspectiva occidental y colonial es una forma de articularse a través del discurso. Lo que no puedes decir no lo puedes pensar ni actuar” dice. Es por eso que crea términos como “sujeto endriago”, “capitalismo gore”, “necropolítica” y tantos más.

–¿Cómo empieza tu relación con las palabras, al punto de crear siempre nomenclaturas?

–Mi relación empezó de muy pequeña, aprendí a leer y escribir a los 3 años y fue como un acto de magia. A partir de haber aprendido a leer y escribir me acuerdo de toda mi vida, es como un registro. Tengo recuerdos muy curiosos, me acuerdo de mi estatura y de cómo se veía el mundo desde ese tamaño. Era estar como muy ubicada que era un cuerpo pequeño. Mi papá me llevó al circo y había esta cosa que siempre ves, el sombrero y el conejo. En mi cabeza de niña pensaba que donde no había nada y luego había algo, eso era magia. Esa tarde mi padre estaba escribiendo una carta. La escena es que yo vi algo blanco (la hoja), una pluma en movimiento (como la varita del mago) y luego había palabras. No había nada y luego había algo. Era magia. Me quedé súper encantada. Le pedí a mi papá que me enseñara a hacer magia y él me dijo que eso no era magia, que era escritura. Él me lo contaba así: ‘hay una vocecita adentro de tu cabeza, eso se llama pensamiento y se puede traducir a palabras’. Me enseñó el abecedario y luego cómo se pronunciaban las letras. Un día iba en la parte de atrás del coche y pude empezar a lee lo que decía en la calle. Mi papá me traía cuentos y yo me los terminaba enseguida. Un día me compró un diccionario enciclopédico que tardé como tres o cuatro años en leer. Los diccionarios son mis libros favoritos.

–¿No hubo diccionario enciclopédico en el que encontraras las palabras adecuadas para nombrar las cosas? ¿Tuviste que inventarlas?

–Sí, pero tengo una vocación de insumisión absoluta que se fomenta de donde soy, el norte de México. El estado mexicano es centralista. Las provincias siguen usando lenguaje del siglo 19 para hablar del siglo 21 y tener la pretensión de vivir en una narrativa del siglo 21 de progreso cuando en realidad ni siquiera tu forma de nombrar y enunciar ha cambiado. Y hay huecos entre la manera que enunciamos y la manera en que vivimos. Para mí el lenguaje es importante porque hace puentes. Son esos puentes los que me faltan. Creo que las palabras que existen valen para muchas cosas, pero somos una sociedad ex colonial que sigue recolonizada. Negamos la parte indígena y lo periférico, pero lo periférico en México es todo.

El sujeto endriago

Para entender sus análisis de la realidad es preciso detenerse en su definición de “sujeto endriago”, que Sayak explica a partir de ciertas particularidades mexicanas pero puede extenderse a otras sociedades. “El endriago es este sujeto masculino cartografiado por la clase, la impronta racial muy vinculada con estigmas y estereotipos de la colonialidad. Al final es un sujeto obediente con la masculinidad más hegemónica, esa que desprecia todo tipo de debilidad, que cree que el valor de los varones es ser proveedores, arriesgados, frontales, violentos y que le debate al Estado la posesión de la violencia. Pero también el que ha entendido que la masculinidad per se que prácticamente pertenece a los cuerpos leídos como biológicamente masculinos tiene la potestad necropolítica de otorgar la muerte a otros. El poder de ejercer violencia contra otros que consideren más débiles: mujeres, niños, disidentes sexuales, pobres

–¿Cómo llegaste a construir el término sujeto endriago?

–Tomé el término de la novela de caballería Amadís de Gaula en la que los endriagos eran monstruos de quienes los caballeros–hombres– occidentales venían a salvar y, de paso, colonizar. El endriago podría ser este fenómeno de la criminalización de la migración que se está haciendo en Alemania con lo ocurrido en Colonia a fin de diciembre. El lavado feminista que se le está dando al tema y el uso del cuerpo de las mujeres como caballo de Troya para instalar lógicas racistas y xenófobas y para poder regresar a los refugiados a sus casas-guerra podría ser un ejemplo de cómo se construyen endriagos desde afuera. Están tratando de crear un nuevo tipo de criminalidad organizada, como la denominaron los medios de comunicación. Es un Caballo de Troya para juntar sexismo, racismo y pobreza para criminalizar a las migraciones. Son sobre todo hombres desplazados, racializados, que se les hipermasculiniza pero se les bestializa al mismo tiempo y considera indeseables. La construcción del endriago es la construcción del blanco sobre el otro racializado.

–En tus investigaciones, los narcotraficantes son claros ejemplos de sujetos endriagos…

–Los narcotraficantes son representaciones muy palpables de sujetos endriagos. Codifican las lógicas del poder patriarcal del estado mexicano (machismo, homofobia, avaricia, denostación por las mujeres) y se les propone como sujetos monstruos desde esta lógica moralista. Los narcotraficantes son construidos como endriagos porque asumen, disfrutan y recrean los mandatos de género para la masculinidad machista mexicana. Sin embargo no son leídos como machos sino como monstruos. Una hiperbolización de esta masculinidad guerrera, machista y necropráctica que hace de la violencia y de la muerte un mercado de trabajo, un espacio de socialización y subsistencia económica con la cual pueden cumplir sus demandas de masculinidad de ser legítimos económicamente y seguir detentando el monopolio de la violencia.

–“El Chapo” Guzmán, figura de la actualidad más reciente, ¿sería el paradigma de esa construcción?

–El Chapo es un ente bisagra, un fenómeno. Es un individuo tangible pero se vuelve una empresa transnacional que trabaja a varios niveles: A nivel necropolítico a través de la rentabilización de la violencia y la muerte y el terror que puede ejercer (necropolítica que comparte con el Estado mexicano que también hace violencia y aterroriza a las poblaciones para gobernar). El producto “El Chapo” conquista el cuerpo a través de la muerte, la violencia o el consumo de drogas– y la psique, como producto que permite identificaciones, sobre todo con poblaciones de jóvenes desempleados o “sin futuro” que son las que más se reclutan en las filas del narco. Además genera una epopeya del crimen organizado a través de corridos, narcocorridos, películas y las nuevas tecnologías como las redes sociales que distribuyen el mensaje de la rentabilización del fenómeno.

–La reciente captura de “El Chapo” y su manera de haber sido presentada y anunciada ya no sólo interesa a las poblaciones “sin futuro”; un amplio sector de quienes están “adentro” también se interesan por el fenómeno…

–El narcotráfico se estigmatiza en los territorios donde se vive pero se glamouriza cuando se convierte en un producto cultural que se consume. Ocurre en la factura y la producción de narcocorridos y grandes producciones televisivas en países relacionados con el narcotráfico que rentabilizan y espectacularizan la vida de esos criminales como si fueran el nuevo Hollywood. Ahora, con la entrevista que le hace Sean Penn, nos damos cuenta de que Hoollywood y el narco tampoco están muy separados. Es muy importante que nos quede claro que “El Chapo” como fenómeno mediático, además de ser una cortina de humo para distraer de ciertos improperios políticos en México, también está tratando de captar la atención de los jóvenes, no sólo los de las clases más pauperizadas –muchos de los cuales ya están trabajando en ese sistema–, sino los de clase media y citadinos que leen la revista Rolling Stone. Hay una glamourización del crimen organizado que desplaza la figura del rock-star y pone al criminal en la primera plana.

–¿Cuál es tu proyecto actual?, ¿En qué líneas estás investigando?

–Estoy haciendo una investigación sobre masculinidades, sobre capitalismo gore y toda la taxonomía que propongo. Ampliando los conceptos: con masculinidad no sólo me refiero a lo que se ve como características fenotípicas del cuerpo sexuado masculino o varones, sino a las masculinidades femeninas y a otras formas de masculinidad encarnadas en la disidencia sexual. La masculinidad no es una preferencia sexual, es una serie de características que podemos reapropiar y que son positivas: dominio del espacio, del discurso, ocupación del espacio de una manera desinhibida, una serie de cuestiones que los sujetos performan cotidianamente y que se han asignado a lo que uno entiende como varón, pero hay muchos cuerpos que tienen estas características. La investigación sobre masculinidades va cambiando las rutas, yo voy hablando de las masculinidades desde el transfeminismo.

–Alguna vez dijiste que no te quedás con una sola cosa, ¿qué más tenés para escribir?

–Estoy escribiendo otro libro nuevo sobre los procesos de des-ciudadanización en los que nos encontramos. También hay una nomenclatura para eso pero sería sobre abandonar la idea de ciudadanía, que es un caballo de Troya que nos llena de responsabilidades pero no nos da derechos. Otras formas de disidencia a los conceptos de ciudadanía.

Aroma a aftershave

La vinculación con el lenguaje lleva directamente a los orígenes de Sayak descubriéndose feminista. Eso ocurrió a sus 17 años. “Fue por influencia de mi padre.

Tenía cuerpo de mujer pero me habían educado como un chico, según decían mis amigas. Me dejaban hacer lo que quisiera siempre y cuando justificara mis acciones y no lastimara a los demás. No me dijeron nunca ‘esto es de niñas o esto es de niños’. Tomé consciencia de que era mujer cuando quise ir a la India a un monasterio y me di cuenta de que no me podía hacer un monje budista. En todo caso iba a estar con las monjas. Me cayó encima lo de la jerarquía del género y me enojé mucho con mi papá, porque él era hombre y sí podía hacer lo que quisiera. Él me llevó a la biblioteca de San Diego y me enseñó “El segundo sexo” de Simone de Beauvoir. A partir del concepto de que una puede devenir mujer empecé a entender otras cosas y me metí a estudiar filosofía”.

–¿Cómo te convertiste en performancera?

– Creo que lo fui desde siempre. Escribo poesía desde los 10 años. Me interesó mucho el happening y pensaba qué podía hacer para que los poemas no se quedaran en mis cuadernos. Entonces, cuando hacía lecturas compraba un corazón de cerdo, que es igual que el de nosotros, lo abría, le metía los poemas adentro, lo metía en una pecera… hacía toda la mini-escenografía pequeña para hacer mi presentación de poesía. Luego me subía a los autobuses y declamaba poesía…

–¿Cuándo llegaste a ponerte barba y bigotes?

–Lo hacía varias veces, la barba y el bigote siempre me han encantando. Mi papá era un hombre con barba y bigote y jugábamos a que nos rasurábamos. Los domingos cuando él se arreglaba su barba me ponía crema de afeitar y me acuerdo de la sensación del olor del aftershave. Yo no sabía que no me iba a salir barba ni que no me estaba afeitando. Me gusta ponerme barba e irrumpir, descolocar las jerarquías de género y los estereotipos. Me gusta y lo hago desde siempre.

–Además de que te guste, has salido a la calle con barba y bigote y un vestido muy sensual con sandalias altas. ¿Qué buscabas con eso?

–Al principio lo hacía porque me gustaba. A partir de que entro en el feminismo y luego en la teoría queer me doy cuenta de que lo que hacía empíricamente tiene consecuencias de performance y trabajo con la idea de performatividad. En esa época me enamoro por primera vez de un chico y de una chica y me doy cuenta de que en la práctica desestabilizaba ciertas cosas, pero no tenía la teoría para saber por qué. A partir de ahí me sirve para ir construyendo un poco, pero después como para traducir. Ahora estoy descansando de los bigotes y la barba porque no quiero que se gasten. Cuando me los pongo no es para aparecer en un lugar y ya, me los pongo durante una semana y hago toda mi vida con eso. Tiene que ver con todo un proceso de trabajo mental para poder estar fuerte ante cualquier reacción, con la capacidad de respuesta ante cualquier posible cuestionamiento, porque a mucha gente le da risa pero a otra gente le molesta. Lo hago para poner preguntas en el espacio público y preguntas en el espectador. Y también porque me encanta, me siento divertida por dentro, es una pequeña travesura. Si la crítica no va unida a lo lúdico, no tiene mucho sentido. La última vez que estuve en Marrakech me puse los velos en forma de tuareg, que es como se los ponen los chicos, hice un drag King y usé barba. La gente no sabía muy bien qué cosa estaba pasando.

–También sueles ponerte pelucas de diferentes colores a tono con tu ropa…

–El tema de los disfraces siempre me gustó. Mi primera peluca me la compraron a los 3 años luego de que mi mamá me cortó el pelo bien cortito. Tengo el pelo rizado y ridículamente femenino, con tirabuzones, como el de las muñecas. Lo odiaba y no me dejaba peinar, entonces ella me llevó a la peluquería y me moví tanto que me tuvieron que rapar. Fue un drama absoluto, mi padre se enojó muchísimo con mi madre, que ese pelo era mío y no de mi madre, y me compró una peluca. Desde entonces he juntado miles de pelucas y aprendí a ponérmelas. Me gusta combinarlas con la ropa. No sólo es un acto de desobediencia sino también me gusta cómo se ve.

–¿Alguna performance te ha causado “problemas”?

–Hice una performance que se llama “sudaca” y mucha gente se enojó muchísimo. Empezó con apropiarme del término “sudaca” con el que discriminan en España. Me compré unos pantalones colombianos que hacen que el culo se te vea súper redondeado, una camiseta de tirantes rojas con un wonderbra y me mandé a hacer una inscripción que decía “sudaca” en el pecho y “perdón, latinoamericana” en la espalda. Me hice las trenzas mexicanas clásicas del cine mexicano y le puse unos cables para que fueran más largas y con listones del color de la bandera que hacían de fustas y un dildo y un arnés rojo. El mensaje era “soy todo el estereotipo del sudaca que tú quieras pero soy este tipo de sudaca”. Le di la vuelta a la discriminación. Cuando fuimos a un bar con unas amigas, ellas de drag King, la señora que atendía sí les sirvió cerveza a ellas pero a mí no quiso servirme.

–¿Cuál ha sido tu performance más reciente?

–Estoy pensando y haciendo performances a nivel de cuestionar la colonialidad y la raza. En 2014 hice la última sobre eso, durante el aniversario de la Revolución Mexicana. Se llamaba Messtizx y consistió en retomar lo que Frantz Fanon dice sobre las “máscaras blancas” que todos usamos, en cómo nos fuimos poniendo la máscara blanca y cómo la idea de mestizajes solo se usó para pensarlo hacia la blanquitud y no hacia lo oscuro o mestizo propiamente.

–¿Hay en tu agenda alguna actividad/presentación prevista para la Argentina?


–Me gustaría mucho. Hay un par de propuestas a algunas ciudades pero no se han concretado todavía.

lunes, 1 de febrero de 2016

Cultura y Barbarie: la barbarie de la cultura, @sladogna


Cultura y Barbarie: la barbarie de la cultura
Este es un texto que se apoya en el escrito de Fernando Rodríguez Genovés titulado Cultura y Barbarie

Sigmund Freud -y luego fue seguido por Jacques Lacan- propuso que era importante para la formación del psicoanalista una imagen o proyecto de universidad que estaba estructurada a imagen y semejanza de esa institución que difundía la cultura en lengua alemana. Se trata interrogar una idea muy simple que incluso apareció hace años en la Argentina a partir, entre otros, del libro de Domingo Faustino Sarmiento “Facundo o Civilización y barbarie en las pampas argentinas”, esa misma idea hoy recorre de nueva cuenta América Latina pues se atribuye a la TV el auge de una supuesta “masa amorfa sin cultura” que lleva a Enrique Krauze, intelectual, director de Letras libres a preconizar la instauración de un voto calificado, en función de la cultura, incluso un líder político Andrés Manuel López Obrador comparte una porción de esa idea: “Se aprovechan de la incultura del pueblo para manipularlo” , por el contrario se trata de  interrogar el mito de los beneficios de la alta cultura o de una cultura simplemente dicha, esas ventajas no suponen necesariamente un freno ni una vacuna contra la barbarie, sino a veces todo lo contrario: se trata de la barbarie civilizada. Cristina Fernández de Kichner siguiendo esa idea de la cultura traslado alguna de las oficinas del Ministerio de Cultura a uno de los municipios más poblados del cono urbano bonaerense: La matanza. A propósito del «caso alemán» eso se revela ejemplar, aunque no sólo el  caso alemán.


Los nazis no eran incultos por el contrario gozaban de una extensa cultura: pintura, escultura, también fotografía, una disciplina que, en el período, superó las realizaciones de la plástica, sometida a un canon neo clásico asociada a los contemporáneos motivos del arte estalinista, con el que jamás se buscan comparaciones. En la arquitectura pública, señala Michaud, un eclecticismo estilístico se decidía según la función: neoclasicismo para los templos, vidrio y cemento para las fábricas.[Cfr.: Éric Michaud, La estética nazi. Un arte de la eternidad. La imagen y el tiempo en el nacional-socialismo, Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2009, 397 pp.] La barbarie nazi fue posible  gracias a que sus funcionarios comenzando por Hitler (pintor), y varios funcionarios de su primera línea eran poetas, filósofos, escritores de obras teatrales, músicos,...fueron personajes tomados por la cultura.

Suele ser una actitud muy común el mostrar extrañeza, y hasta estupefacción, a la hora de advertir que una nación como la alemana, tan culta y cultivada, tan henchida de historia y tradición, rebosante de célebres poetas, novelistas, artistas, filósofos y científicos, tan amante de las bellas artes, de la ópera y los discursos filosóficos profundos, suele asombrar, digo, que fuese la gran Alemania capaz de provocar grandes guerras mundiales y, a modo de culminación de una continuada pulsión de muerte, perpetrar la shoa, el más pérfido crimen en masa cometido en la historia de la humanidad.

Tómese, por ejemplo, el «caso Heidegger» como prototipo de este asunto tan siniestro: todavía hoy las opiniones están divididas a la hora de imputarlo o eximirlo, por haber confraternizado con las autoridades nazis en los años treinta del siglo XX. Él, Martin Heidegger, considerado por una extensa sección de la autoridad académica europea, la mente más privilegiada, preclara e influyente de Europa en dicha centuria.

No es Alemania un caso aislado ni el «caso Heidegger» la única causa abierta sobre la cuestión. Para ello el lector  tendría que consultar un texto de Oriene d’Ontalgie, Adversus Heidegger. Derapages de la pensé sur un chemin forestier [Cahiers de l’Unbévue, Paris, 2012] Hasta Rusia con amor llega la Cultura, alborotando las pasiones. Conviene recordar que por su relación con la cultura durante el imperio de los Zares y quizás perduré en la actualidad, los intelectuales relegan el ruso en sus conversaciones empleando el francés y ahora el inglés. El caso llamado por Freud “El hombre de los lobos” fue una clara muestra de la cultura imperial rusa. Reproduzco a continuación una nota de prensa que llenó de admiración (u horror, según se mire) a más de un lector (diario El Mundo [España], 16/09/2013), a modo de otro botón de muestra:

«Una discusión sobre Immanuel Kant ha terminado en un tiroteo en la ciudad de Rostov del Don, según un teletipo de la agencia rusa RIA»

La noticia cita a la Policía local y explica que la discusión saltó en una pequeña tienda de la ciudad. Antes de los disparos, hubo puñetazos. Uno de los contendientes sacó una pistola (probablemente de balines o de fogueo) y abrió fuego repetidas veces. La víctima fue hospitalizada aunque no corre peligro. Su identidad no ha trascendido y la de su agresor tampoco. Tampoco se sabe cuáles eran los términos de su discusión.» Sin duda, el motivo concreto de la cruenta disputa trataría sobre un asunto bastante trascendental...

La sorpresa y la incredulidad pueden tornarse zozobra en el momento de descubrir que lo tomado por insólito e incomprensible efecto, puede constituir, en realidad, una causa impensada e imprevisible, a saber: que lo interpretado como «virtud alemana» -la alta cultura- no sea sino la otra cara de la «cuestión alemana». Acaso una suerte de ilusionismo ilustrado ha calado profundamente en las conciencias bien pensantes y propagado la sugestión en la opinión pública, según la cual, con educación y cultura es posible solucionar los problemas de la sociedad; porque los problemas (así, en general, en plural) serían la consecuencia de la falta de educación y cultura en las personas. Uno de los introductores del neoliberalismo en América Latina fue Carlos Salinas de Gortari, quien fuera presidente de México y que gozaba de una amplia reputación cultural entre las clases políticas y de la intelectualidad mexicana. La novela de  Martín Luis Guzmán, La sombra del caudillo, muestra como la barbarie recuperaba a su favor la civilización, la cultura, para extender su dominio sobre el conjunto social.Así construyó la revolución mexicana su mayor monumento a la cultura: la Secretaria de Educación Pública, José Vasconcelos, quien en un momento de extrema sensibilidad indigenista formula la necesidad de crear el partido nazi indigenista de México, proposición que figura como parte del mural de Diego Rivera en el Palacio Nacional de México, DF., esta disponible para la lectura su texto El proconsulado (1939).

  
Semejante ilusión del beneficio de la culta como antídoto contra la barbarie ha llegado a derivar (en rigor, a degenerar) en una actitud pública que, más allá de lo utópico y mecanicista, tiende al intervencionismo y el clientelismo político, al aliento paniaguado con sabor a ajo, a la respiración artificial comunitaria, al proclamarse que las sociedades progresan, precisamente, aumentando los presupuestos públicos en materia de Educación. Recuérdese, por lo demás, que un clásico subterfugio de muchas dictaduras con el que justificar su dominación sobre los individuos ha sido, y sigue siendo, el publicitarse como campeonas en Sanidad y Educación ¡públicas! (también en ajedrez y deportes no violentos...).

¿Es, entonces, la cultura un antídoto contra la barbarie o acaso un estímulo que la provoca y agranda? He aquí la cuestión examinada por el científico social germano Wolf Lepenies en el valioso ensayo La seducción de la cultura en la historia alemana, primera edición publicada en el año 2006.

A pesar de tratarse de un asunto espinoso y con múltiples ramificaciones, Lepenies entra en materia sin contemplaciones ni rodeos. En las primeras páginas ya queda formulada la tesis principal del libro:

«Si existe algo parecido a una ideología alemana, es la costumbre de enfrentar el Romanticismo a la Ilustración, la Edad Media a la Moderna, la cultura a la civilización, y la Gemeinschaft a la Gessellschaft. Basada en sus aspiraciones y hazañas culturales, la creencia de que Alemania sigue una vía específica o Sonderweg ha sido siempre recibida con orgullo en esta tierra de poetas y pensadores. El mundo interior creado por el Idealismo alemán, la literatura del clasicismo de Weimar y los estilos culturales Clásico y Romántico existían ya un siglo antes de que se fundara la nación política. Desde esa época, se le otorga cierta dignidad al hecho de que el individuo se aparte de la política y se refugie en el ámbito de la cultura y la vida privada. Se considera que la cultura es un noble substituto de la política» (op. cit.).

Tamaña seducción instalada entre los alemanes (y compartida por doquier) viene de lejos. Aun no siendo exclusiva de la nación tedesca, ha dominado la mente y el corazón germanos acaso con más impacto y poderío que en ninguna otra nación. No obstante esto, Lepenies opta por no caracterizar el hecho en términos (fuertes) de «carácter nacional», sino como «rasgo» propio. De cualquier modo, lo constatable es que sea para distinguirse, sea para oponerse entre sí, los alemanes recurren a menudo, y en última instancia, a criterios de orden cultural a la hora de fundamentar posicionamientos políticos, ideológicos o morales.

La querella nacionalismo/anti nacionalismo, la disputa entre el exilio interior y el exterior durante el nazismo, la preferencia por la anglo-fobia o la galofobia, socialdemocracia o democracia social, la oposición Fausto/Mefistófeles, cualquiera que sea el tema que provoque una pugna entre alemanes, acaba remitiendo a un referente cultural. Tampoco en los acuerdos entre alemanes deja de actuar la susodicha seducción: para apuntalar sus puntos de vista, «tanto los dirigentes nazis como sus adversarios usaron el nombre de Goethe» (op. cit.). Recordemos Adolf Eichmann citaba en su defensa el imperativo categórico formulado por Immanuel Kant y al que Sigmund Freud le otorgo de ser una de la bases del superyó para el cuidado del orden moral de la vida en sociedad. No debe extrañar semejante suceso. Al respecto, más allá de lo que se piense sobre sus obra Michel Onfray escribió Un kantiano entre los Nazis. Para el espíritu germano, el Estado no es sino Kulturstaat, el cual queda disuelto, finalmente, en la noción Kulturvolk.

Reparemos en los siguientes hechos. Hitler calificaba el enfrentamiento alemán con Estados Unidos de «guerra cultural». De los americanos odiaba, fundamentalmente, su alma «medio judía, medio negroide», aduciendo como prueba definitiva de tal decadencia el que la Ópera del Metropolitan de Nueva York hubiese cerrado (aseveración, por lo demás, falsa). Leni Riefenstahl, una admiradora entusiasta del Führer, empezó a dudar de la sabiduría política de Hitler cuando advirtió la saña con la que arremetía contra Goya y contra Van Gogh, pintores muy queridos por la muy reputada fotógrafa y cineasta.

En este contexto, el hecho de convocar el nombre del célebre novelista Thoman Mann en este asunto no constituye, simplemente, un capítulo aparte, sino tal vez sea el epítome del mismo. Apolítico confeso durante la Primera Guerra Mundial (Reflexiones de un apolítico), Thomas Mann acaba exiliándose de Alemania y adoptando la ciudadanía estadounidense. No obstante, esté donde esté, se considera alemán, hijo de la cultura alemana. Su actitud ante acontecimientos de relevancia pública es, en todo momento, diletante, dubitativa, contradictoria. Durante su estancia en Estados Unidos proclama de cara al público las virtudes republicanas. Ahora bien: «En realidad, Thomas Mann no admiraba la tradición democrática y las instituciones americanas, sino sus orquestas, sus bibliotecas, su literatura, su crítica literaria y sus museos. El Met, que (casi) nunca cerraba. Es decir, la cultura.» (op. cit.). Este escritor participaba de una correspondencia con Sigmund Freud.

La dimensión de la seducción alemana por la cultura ha quedado patente en los últimos siglos de manera trágica. Más que una anomalía de un determinado recorrido histórico, diríase que es su consecuencia necesaria; esto es: el hecho de menospreciar el arte de lo posible, la negociación y el compromiso (la política) al precio de ensalzar el valor de lo absoluto, lo imperecedero, lo eterno, lo espiritual (la Kultur). Para la tradición alemana, la cultura estaría por encima de todo lo demás (über alles). Aunque, debo insistir, no sólo en ellos. Freud consideraba que la edad y la cultura eran inconvenientes para aceptar a determinadas personas en análisis.

El empleo de la «cultura» para eclipsar la acción política, no es exclusiva de Alemania ni de los tiempos pasados. Veamos un caso más para terminar esta nota. A comienzos del verano de 2011, Manfred Gaulhofer, presidente del Comité de Selección de la Capital Europea de la Cultura 2016 de la Unión Europea, asesorado por el Ministerio de Cultura español, ha premiado la ciudad San Sebastián con la capitalidad europea de la Cultura para el año 2016.


La circunstancia de que esa ciudad estuviese presidida por un alcalde perteneciente a una agrupación política que tiene simpatías con la organización ETA no fue considerada relevante en la toma semejante decisión. En la rueda de prensa que hizo pública la resolución, Gaulhofer apelaba al argumento cultural a fin de justificarla. La elección de San Sebastián, declaró, «tiene un claro compromiso con la cultura para contrarrestar su dura historia de violencia». Es decir se vuelve al mito que si hay cultura se aleja la barbarie, sin darse cuenta de que la cultura genera, produce de forma geométrica las formas de la barbarie.

domingo, 17 de enero de 2016

Acto analítico, pase en la ciudad actual...@sladogna





La tercera facticidad, real, demasiado real, suficientemente real como para que lo real sea más mojigato al promoverlo que la lengua, es lo que se puede hablar gracias al término de: campo de concentración, sobre el cual parece que nuestros pensadores, al vagar del humanismo al terror, no se concentraron lo suficiente. Jacques Lacan (9/10/1967)

Estas líneas surgen en diálogo con temas formulados por Germán García en su curso “El acto psicoanalítico” (4/06/2009). Se hizo un recorrido puntual de cuestiones concernientes al del paso-pasaje del analizante al lugar del analista de la escuela. Germán García preguntó sobre cómo se articularían los componentes lógicos, la estructura de esa operación presentada por Jacques Lacan en el interior de la doctrina analítica -o si se prefiere, en la teoría analítica. Cómo se articula con un hecho: alguien X o Y se instala como analista, pone un consultorio, un diván, un juego de sillones, un teléfono y hasta tarjetas con su nombre y apellido. Subrayo: lo fáctico de esa autorización atraviesa diferencias de escuelas, de instituciones, de posiciones estéticas frente a la doctrina: freudianos, lacanianos, kleinianos, anafreudianos, fromianos, etcétera